Economia A Pie De Calle

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De la mediocridad al empoderamiento

“Queremos saber porque queremos controlar. Así de claro. Y queremos controlar porque queremos denunciar los casos de corrupción y de despilfarro de lo público”.

Para evitar el dominio de los mediocres –que, como decía Valle Inclán, provoca que todo el mundo sea tan mediocre como ellos– el ciudadano tiene que recuperar su espacio de protagonismo y en ese reto, opino, tenemos que comprometernos en la elección porque, es verdad, estamos condenados a elegir, como se dice en economía y sociología. Elegir sin miedos, con libertad y, a ser p“osible, salvando el peligro que supone esa gente que no se siente culpable de nada, que no sabe pedir perdón por los fracasos y que sólo ven la culpa en el otro.

La democracia es un proceso de participación en el que es imprescindible la información porque nadie puede participar en lo que no conoce. Necesitamos saber de los asuntos públicos y que se nos rindan cuentas para valorar cómo se ha empleado nuestro dinero y para evitar que los corruptos se infiltren por las puertas falsas del sistema. Queremos un cambio, y para conseguirlo se precisa de una voluntad política que propicie una nueva cultura funcionarial y, también, que eleve la necesidad en la sociedad civil de ser exigentes en la ‘accountability’, ya que da la sensación de que por haber ratificado el Convenio del Consejo de Europa sobre el acceso a la documentación pública y la reciente aprobación de la ley estatal  sobre Transparencia y sus desarrollos regionales, ya hemos llegado a la meta. Y no. Esos acontecimientos son el principio, un inicio por el que, con mucho retraso, se intenta salir de la opacidad organizada. Es bien sabido que no basta con publicar normas si luego éstas no se cumplen.

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Cuando los políticos no lo sienten, los funcionarios no lo practican; y si los ciudadanos no lo exigen, la transparencia informativa quedará como un trámite burocrático y no como una mejora de nuestra debilitada democracia. Queremos saber porque queremos controlar. Así de claro. Y queremos controlar porque queremos denunciar los casos de corrupción y de despilfarro de lo público. Por eso no nos sirve que se nos despache ‘de oficio’ o con datos que oculten, disimulen o pretendan desinformar, que de todo hay, sino una rendición de cuentas de gran calado.

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Esperanza democrática sin partidismos

Tres regidores con diferentes ideologías: Eduardo Contreras (PP) Molina de Segura; Anne Hidalgo (Partido Socialista) París, y Bill de Blasio (Demócrata) Nueva York han coincidido en que lo importante es plasmar en realidades lo que los ciudadanos sienten como prioritario

 

Cada vez más se generaliza la conclusión de que el poder político se ha revelado completamente inútil para proteger y mejorar las condiciones de vida en términos de salud, educación, vivienda, trabajo y servicios públicos, lo que se ha traducido en la desafección creciente del sistema de partidos, debido a la complicidad de éstos con intereses económicos privados y a la adopción de políticas regresivas en lo político, social y ambiental. Es una crítica que está en las encuestas de opinión y el reto es cómo reaccionar ante esa realidad que reivindica nuevas formas de hacer política. Una propuesta de regeneración, que se está abriendo camino como nueva esperanza democrática, es la participación ciudadana.

Europa de los ciudadanos

Entre los miles de proyectos existentes en todo el mundo (más de un centenar en España) a modo de ejemplo traigo a colación los de Molina de Segura, París y Nueva York. La primera por proximidad y las otras dos por lo que representan en el mundo.  En París se van a destinar 20 millones de euros, un 5% del presupuesto, para que los ciudadanos sean quienes decidan en qué es prioritario emplear ese dinero; en Nueva York, 25 millones de dólares y en Molina de Segura se consignará un millón de euros, pero lo esencial no es la cantidad que se destine sino dar entrada a la ciudadanía en la decisión, incrementar la transparencia y comprometerse a rendir cuentas directas. De esta forma los ciudadanos empiezan a considerar presupuestos e instituciones como algo propio.

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Palanca ciudadana

descarga Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, afirmó Arquímedes en la explicación de su “teoría de la palanca”. Hoy tendríamos que trasladar ese concepto al mundo de la política afirmando que ese punto de apoyo para actuar de palanca es el ciudadano. Las acciones de reivindicación que se están desarrollando así lo ponen de manifiesto. El ciudadano es palanca para controlar el gasto, para controlar proyectos y para controlar la acción de los políticos.

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Valores educativos

 

El informe Pisa fotografía la situación de nuestros niveles educativos, cuyo examen pone en evidencia las carencias que existen en el sistema educativo, en relación a ciencias y letras, entre otras cosas. Sería bueno que atacáramos las soluciones desde la raíz de los problemas, porque observamos poco avance en los puntos más críticos que año tras año nos señalan.
Además, existe demasiada dependencia del sistema educativo, con el sistema político, da la sensación que se añora una educación para un régimen, cuando debería importar mucho más la educación en los valores éticos y democráticos. Porque nadie nace demócrata, se hace demócrata, al igual que no nace libre, sino que a medida que lucha día a día por sus libertades, será un hombre libre. Hay que enseñar valores, para que se puedan asumir, porque los valores constitucionales son una tarea a desarrollar desde que vienes a este mundo, hasta que lo dejas. Hay misiones que son para toda la vida, y según las realicemos individual y colectivamente es el gran éxito de toda una generación. En la antigua Grecia se decía que “lo que quieras para la ciudad, ponlo en la escuela”.

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La educación requiere mucha reflexión, nos dicen los educadores, sobre los conocimientos que se quieren dominar, pero para alcanzarlo requiere imponer hábitos. Mucha práctica, y si se precisa para el conocimiento, mucho más para la convivencia. Por eso cuantos impulsamos la participación, la cooperación y la solidaridad, estamos afianzando el proyecto ciudadano de futuro.
Parece que no ha sido suficiente lo que hemos sufrido en el pasado por la ausencia de estos valores en los regímenes dictatoriales, y muchos países pueden dar cuenta de ello todavía, y la lección la tendríamos que tener muy bien aprendida, porque la mentalidad autoritaria atonta, y sus pautas de conducta suelen ser socialmente disolventes.
Guarden en los archivos esos textos partidistas, no queremos ideologías del poder transitando por los circuitos de la enseñanza, ni guías de conocimiento condicionadas con adoctrinamientos, porque acumularemos más fracasos. Queremos que la educación sea libre, y desde esa libertad proyectemos la vida y la convivencia, porque pienso que siguiendo esa trayectoria recogeremos más éxitos.

¿Derrotados?

La vulnerabilidad de las instituciones como consecuencia de la crisis económica se ha trasladado a la sociedad y son ahora las familias y las empresas las que están pasando lo que nadie se imaginaba, aceptando la desigualdad como algo inevitable, como ocurre en otros lugares del planeta, donde sus culturas aceptan las castas sociales. Son los efectos que está produciendo la fuerza de la globalización, un capitalismo, que como dice Sachs, se ha erigido como fuerza suprema imponiendo como ideología su productividad continuada, adaptando a todos los mercados a un ritmo de consumo y producción determinados.
Es el nuevo poder, superior a las decisiones políticas y democráticas de los gobiernos. Nos gobiernan en la sombra y sus decisiones traspasan fronteras, no necesitan aduanas, porque sus redes invisibles son lo suficientemente efectivas. Incluyen o excluyen a los países de su mercado globalizado. Son como dice Rodrik, la incompatibilidad entre la hiperglobalización y la democracia ¡cómo elegir!
No es fácil, en las tensiones económicas, las hegemonías no se sabe quién las controla, y la consecuencia es que las instituciones nacionales se han devaluado, ni partidos políticos, ni patronales, ni sindicatos, ni las organizaciones sociales están preparadas para soportar los altos voltajes de la nueva circulación económica. La red financiera, cada vez más en la sombra, nos electrocuta desde sus ocultas centrales cuando le interesa, y sin piedad, arruina a los hogares y las empresas.

Globalización

La hiperglobalización nos quiere imponer condiciones para perpetuar la desigualdad social.

La globalización quiere imponer unas reglas sin conciliar las grandes diferencias en los sistemas sociales, culturales, y políticos. Y sin hacer los deberes se recomiendan efectos pendulares, como por ejemplo, emular a los chinos. El profesor y periodista británico Martin Jacques nos recuerda, que no hay motivos para creer en la convergencia entre oriente y occidente, porque cada uno tiene sus propios puntos de vista, sus propias historias y sus relaciones sociales, muy dispares, y debemos encontrar un sistema que no desee dominar el mundo desde un nuevo dogma materialista de la hiperglobalización, porque si después de ver caer el muro de Berlín, nos obligan a convertirnos a un maoísmo capitalista, sería imperdonable, porque permitiríamos el fracaso de nuestra civilización en manos de una globalización destructiva. Y a esa derrota no me sumo. Lucharé con todas mis fuerzas para poder decidir un futuro más democrático ¡nunca asumiré la derrota!
José Molina Molina. Doctor en Economía, Sociólogo y Miembro del Pacto por la Transparencia. Autor del libro “Ciudadano y Gasto Público” que Editorial Aranzadi publicara en este mes de septiembre.

Una ciudad pensada para el ciudadano

 

Muchas de las nuevas urbanizaciones son espacios físicos sin convivencia. Son posibles otras ciudades, pero siempre que en ellas lo más importante sean sus habitantes, no los propietarios del suelo.

La falta de dialogo en las ciudades ha provocado que la vida ciudadana no evolucione por cauces adecuados. Obsesionados con su crecimiento, nos hemos olvidado de lo esencial: los ciudadanos. No tenemos la ciudad que queremos, sino la que nos ha construido una planificación urbana no exenta de polémicas, fracasos, estafas y mucho fraude encubierto. La ciudad se ha construido desde las alcantarillas del poder y por eso percibimos sus malos olores.
No hemos sabido conservar la historia urbana, ni mantenido sus barrios con la dignidad con la que fueron organizados históricamente. La especulación por un lado y el abandono por otro, han conseguido que hoy no se reconozcan las tradiciones que le dieron vida, se han convertido en espacios de desintegración social cuando no de violencia. Nos hemos cargado la ciudad que soñábamos, y hemos desarrollado nuevos espacios, centros de ocio y comerciales, urbanizaciones, mucho cemento sin sentido. Socialmente un desastre, económicamente insostenible y con un veneno que nos destruye con su sistema de financiación.
Hemos especulado con la ciudad, con sus gentes, con sus vidas y hemos urbanizado espacios sin convivencia y hasta sin ideales comunes. Hemos caído en la trampa de conquistar un nuevo horizonte, en el que no se sostiene la vida. Muchas de las nuevas urbanizaciones son zonas de sombras o sus aglomeraciones impiden la convivencia. No son ciudades, son estructuras físicas sin vida. Solo se observan coches aparcados, media luz en las viviendas y muchas medidas de seguridad, porque el miedo está presente antes de subir al ascensor o penetrar en el dúplex. El saludo amistoso de la vecindad lo hemos cambiado por la cámara de vigilancia que grabe los movimientos sospechosos.

Otra ciudad es posible

Otra ciudad es posible

¿Es posible otra ciudad? Es posible si entramos en el desafío de los nuevos tiempos, si abandonamos la idea de que la ciudad es una mercancía producto de un urbanismo mercantilista. Así nos lo plantea el profesor Cabannes, de la Universidad de Londres (ver el acceso libre de www.citego.com) que desarrollando los principios de “creative communs” y con las propuestas del próximo Fórums de Hábitat III que se celebrará en 2016 en Estambul, nos aportan nuevas ideas para desarrollar las ciudades. Los alcaldes deben preocuparse más de los ciudadanos y menos de sus planes de desarrollismo urbano, así como dedicar más tiempo a construir facilitando la convivencia que a satisfacer a quienes solo quieren especular con el suelo. Obtendríamos un resultado diferente. A muchos alcaldes la historia los conocerá como los “ciudicidas” modernos, asesinos de sus ciudades por el poder y la codicia. Estos nuevos lacayos del cesarismo urbano, solo quieren su imperio.
Estas ciudades sin naturaleza, con difícil movilidad, ruidosas al límite, poco sostenibles y que obligan a una hipoteca, son nuestros modernos monstruos. Son la cultura de nuestro fracaso, vivimos bajo su maldición, sin posibilidad de nuevos sueños, sin una conciencia de repulsa que nos guíe a buscar soluciones. Sin utopías, tenemos que buscar nuevas fórmulas, salir de estos laberintos del urbanismo y pensar que la ciudad es para vivir, compartir, producir y desarrollarse mediante un planeamiento que debe pensar primero en la convivencia social y su sostenibilidad, que en el beneficio económico rápido. Otras ciudades son posibles. En ellas, lo más importante son sus habitantes, no los propietarios del suelo.
José Molina Molina. Doctor en Economía, Sociólogo y Miembro del Pacto por la Transparencia. Es autor del libro: Ciudadano y Gasto Público, Editorial Aranzadi, que estará en librerías el próximo septiembre.

Contrarreforma municipalista

 

“Lo que se conoce de la reforma de la Administración Local que prepara Montoro es un mal procedimiento, planteado por un mal ministro”

La crisis está sirviendo para promover cambios, unos necesarios y otros una especie de ataques encubiertos contra derechos y libertades ciudadanas. Es el caso de las medidas que se están impulsando para reformar la Administración Local, en las que prevalece el interés presupuestario por encima del desarrollo de la gestión y de dar más transparencia a la vida municipal, olvidando que la reforma de la gestión municipal, requiere más participación, no más control desde arriba, cuando precisamente ese control ha demostrado su ineficacia.
La participación activa de los ciudadanos en la gestión municipal está aumentando la eficacia del gasto y ordenando sus prioridades, poniendo en evidencia las duplicidades absurdas. Se precisa una reforma para una sociedad local abierta, no más controlada desde una burocracia ineficaz, impulsando gobiernos transparentes y participativos como, por ejemplo, las experiencias P2Politica, donde la gestión y la democracia circula a gran velocidad y conocimiento, a coste cero, impidiendo que los grupos de presión secuestren a los gestores públicos para pervertir su función.

Reforma de la Adminnistración Local

La reforma de la Administración Local se realiza por un mal ministro que no conoce la vida local y la participación ciudadana

La ciudadanía está reclamando: Planificación territorial; reforma de la financiación local para que cubra con suficiencia sus competencias; reforma de la Ley electoral, con listas abiertas y sin coeficientes; competencias y retribuciones controladas; obligación de rendir cuentas a los ciudadanos periódicamente y participación en la elección de prioridades en los gastos públicos.
La opinión publica precisa más seriedad en la información de las directrices de un anteproyecto de ley con tanta repercusión como la “racionalización y sostenibilidad de la Administración Local”. Lanzar, por ejemplo, un mensaje de reducir un 30% los concejales, para eliminar el gasto, sin explicar otras cuestiones más importantes, parece una frivolidad. Da la impresión de que se quiere alagar el oído, alimentando la decepcionante opinión que se tiene de los políticos para reducir su número, sin pensar que el problema prioritario no está en la cantidad –aunque sea cierto que sobren cargos políticos remunerados– sino en la calidad.
Mientras no tengamos en vigor una Ley de Transparencia que elimine la opacidad existente, no sabremos lo que pasa en los despachos, ni en los pasillos, ni en las salidas y entradas por las múltiples puertas giratorias. Por eso queremos saber, conocer, que nada quede oculto y todo esté en la Red como una seguridad para el control y la igualdad.
Hay que debatir muchas cuestiones, y conocer en profundidad muchos datos. No se entiende que el ministro Montoro utilice un informe del Instituto de Estudios Fiscales, que aún no se ha hecho público, y se apoye en él para decir que los servicios de los municipios de menos de 5.000 habitantes son cuatro veces más caros que los de 100.000, y concluir que todos los menores de 20.000, deben pasar competencias a las Diputaciones, que precisamente han demostrado históricamente su inoperancia. No olvidemos, además, que las podas agresivas en los servicios sociales podrían entrar en conflicto con la Carta Europea de Autonomía Local.

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¡Tristemente indignados!

 

No encontrábamos telas de color apropiadas para alzar una bandera, y Stéphane Hessel, tuvo el acierto de ofrecernos “¡Indignaos!”, un texto reivindicativo, que unió su experiencia con la esperanza en la juventud. Gracias por dejarnos ese grito que ha unido en plazas y calles a millones de ciudadanos, indignados por una crisis que no han provocado.

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No encontrábamos telas de color apropiadas para alzar una bandera, y Hessel, tuvo el acierto de ofrecernos ¡Indignaos!

¡Indignaos! Fue la llamada que inundó como marea para llenar las plazas de ciudades de todo el mundo. Una alerta para que los jóvenes no bajaran la guardia, porque la indignación hace la voluntad de compromiso con la historia. Indignados con los que se han apoderado de lo que es de todos, de nuestros derechos y nuestra ilusión por el futuro. La indignación que nos ha dejado escrita Hessel, nos conducirá por caminos de libertad.
Desde la libertad que ya disfruta, que nos sirva de hilo conductor para actuar contra las ideologías dominantes que con voracidad estás destruyendo el progreso. ¡Gracias, Hessel!
José Molina Molina. Doctor en Economía, Sociólogo y Miembro de Economistas Frente a la Crisis

 

¿Qué nos une?

Es triste reconocer que fundamentalmente estamos unidos por la moneda, el euro es nuestro marco de compromiso en lugar  de ser las instituciones, y por otro lado, en la otra cara de la moneda, comprobamos los efectos que está produciendo esta crisis, y sentimos como un proceso de expropiación, de privatización de bienes sociales, unido a fuertes desigualdades.

Esta situación nos ha conducido a una preocupación diaria de la prima de riesgo y las repercusiones que tiene sus alteraciones. Las noticias que han llegado de la reunión del FMI en Tokio, son alarmantes, porque si el Fondo ha previsto que la prima de España se puede poner en 750, es una de las peores noticias que nos puede llegar. Si además, los estudios realizados sitúan a la economía española en un crecimiento negativo del 1,3%, tenemos que replantearnos en profundidad los criterios de justicia económica y el comportamiento de un gobierno derrotado en su propio campo, convirtiéndose de la noche a la mañana, de  solución de los problemas, a ser considerado el principal problema.

Hay voces, como la del politólogo Toussaint, que entiende que la deuda pública del Estado Español (aplicable a otros países), utilizada para rescatar bancos, y cuyos gestores son parte de los problemas de la crisis económica, es una deuda “ilegitima” por mucho que se quiera ocultar la realidad. Porque hay una extensa doctrina que defienden desde el Derecho Internacional, los abusos sobre deudas contraídas por los Estados para fines no conformes a dicho derecho cuando afectan a los derechos humanos fundamentales. Así lo expresa el articulo 53 de la Convención de Viena y el articulo 5 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Si además por causa de los mismos se merman los derechos laborales, económicos, sociales y culturales y se lesiona el derecho a la soberanía, es más grave, porque “ningún pueblo podrá ser privado de sus propios  medios de subsistencia” (artículos 1 y 2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos).

¿Se han traspasado los limites de la equidad general?

Jamás resuelven los problemas los que los crean

Estamos ante el dilema, de si lo pactado ha traspasado los límites de la equidad general y si como consecuencia en este proceso pudiera existir un enriquecimiento injusto, o un abuso de poder del gobierno en el ejercicio de sus funciones. Traspasar la línea brillante que traza el derecho público y comprobar lo que injustamente soportan los pueblos por un desgobierno, es esencial en un proceso de afirmaciones democráticas, y de resultados penosos para un largo periodo de desendeudamiento, que irá acompañado de una pobreza y regresión social alarmante. El hecho de vivir inmersos en la crisis, sin conocer su salida, ni el total de su gravedad, ni los daños indirectos, ni su temporalidad, está fomentando, en personas y territorios, lo que se conoce como el “síndrome de  Axtérix”, consistente en separarse del conjunto y retornar a su antiguo poblado para resistir a los expolios “del imperio”.

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¿Nos ahogamos?

Cada vez son más los que levantan su voz contra las políticas de austeridad, unos por denunciar el error de política económica, otros por denunciar el error social. Las voces son cada vez de sectores más diversos. Muchos conservadores no ven bien hasta donde se quiere llegar, hay sectores del mundo económico alemán, que están observando cómo sus exportaciones disminuyen, y ven en peligro su comercio exterior con Grecia, Italia, Portugal, España, Irlanda, etc. Y es que los que tenían que haber sido motores, han reducido la marcha. Su expansión está en peligro, a causa de su imposición de la llamada “regla de oro” que se ha convertido al dar las campanadas presupuestarias, en una enorme calabaza.
Por otro lado, nos enteramos que el ministro “de Guindos”, haciendo confidencias con un colega, le ha dicho que la reforma laboral, será durísima, muy valiente él, le anticipa que se van a perder derechos, salarios, y que los empresarios tendrán más facilidad para el despido, que la contratación será flexible, y que el mercado laboral se asemejará en esas condiciones, a las empleadas de hogar, será, lo que diga ”el señor”.

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