Economia A Pie De Calle

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Disentir, una sana práctica

 

Desear ser parte del futuro social, es iniciar una marcha para no caer en la tentación fácil del desprecio a los otros, a los inmovilistas, a los que consideran que “cualquier tiempo pasado siempre fue mejor”, porque ya no es suficiente la indignación, ni la protesta. Lo esencial es abandonar los viejos clichés y someter a revisión aquellos axiomas inspirados por la desigualdad y construidos por la supremacía del poder tradicional. Hay que eliminar los viejos consejos, las recomendaciones inútiles que han puesto en evidencia la falta de alternativas y la ausencia de imaginación. Sin ellas, un sistema no puede ser garante de su continuidad, porque carece de innovación, de futuro y de nuevas sensibilidades. Hoy solo buscamos lo más fácil, lo que ha sido probado y comprobado. Perdemos mucho tiempo en la búsqueda de consensos continuados con quienes son inaccesibles a los acuerdos, lo cual resulta fatídico para la democracia viva, porque si eliminamos la confrontación sana, hemos llegado al punto final de la política.

La función de la política nos recuerda Innerarity, es el disenso, que no excluye un consenso, pero teniendo muy claro, que el disenso es la regla y el consenso la excepción. Porque el consenso, es como el que camina hacia un horizonte, y como tal nunca se conquista, así nos lo recuerda Lyotard, para que sea un arco tenso que dinamice la estructura de la sociedad y la impulse a una comunicación en la vida política para luchar por la unidad, porque la consecuencia, no es otra, que la pluralidad en la vida política es como el caleidoscopio de la interpretación psicológica de la visión del mundo y su futuro.

Miedo y Libertad

Bauman nos dice, que en las sociedades liquidas, el único consenso que tiene alguna posibilidad de éxito es el reconocimiento de la heterogeneidad de los desacuerdos. Pretender otra cosa no es sostenible en nuestras sociedades de complejidad jerárquica. La democracia es una respuesta a la constatación de que en la sociedad existen diferencias legitimas que no son en última instancia resolubles. Luhmann nos anima a sustituir la unidad que muchos pretenden, el pensamiento único excluyente y uniformizador, por la oportunidad de entenderse, porque en política, es muy perjudicial pretender, buscar o imponer la unidad, la discrepancia es la esperanza para evolucionar hacia un futuro innovador.

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Velar por la ciudadanía

No tendremos nunca libertad y justicia, si no tenemos instituciones independientes, fuertes y con medios, por ese motivo desde los movimientos ciudadanos tenemos que ser muy exigentes, para que nuestras instituciones sean cada día más independientes,

 

Vivimos inmersos en la estructura de un viejo modelo político, y con el paso del tiempo, hemos sumado una deficiente visión para adaptarnos a la vida compleja de la democracia y los efectos que la globalización ha causado, y sus actores políticos no han sabido superarlo y han convertido el “sistema” en algo que no funciona.

Sin embargo, el mundo complejo de hoy tiene un impulso imparable, y lasdemocracias no están respondiendo con acierto. Ya Tocqueville nos alertó, que en las democracias hay que ir desprendiéndose de los viejos modelos, y en nuestra sociedad, hemos construido un entramado sobre las ruinas de un sistema político no democrático. El gran esfuerzo realizado hace ahora cuarenta años, se ha agotado, tanto internamente, como territorialmente, y coincide con un momento en donde la política nacional y regional es decepcionante.

Debemos de huir de la sensación de que no es compatible la complejidad de la nueva sociedad global y la democracia actual, porque es el miedo y la presión, la que nos impide que encontremos las formas de la nueva gobernanza. Se precisa abrir el espacio político a más actores, instituciones independientes, una nueva economía del bien común, un multiculturalismo y tantas aportaciones de colectivos sociales que enriquecerán un modelo democrático con un poder compartido, es lo que se empieza a llamar tímidamente gobierno abierto, parlamento abierto, instituciones participativas. Son formulas donde los poderes se compensan y las variables sociales funcionan con más equilibrio. Es la suma que se debe aportar de lo nuevo, para fortalecer la democracia como Tocqueville lo recomendó en su día.

Porque la democracia y la complejidad no son contrapuestas, pero el resultado será positivo si se encuentran otras formas más eficientes de gobernar, con procesos dinámicos, sin ataduras, y con capacidad para asumir todas las propuestas de transformación. La democracia o es integradora, o se autodestruye, Acemoglu y Robinson nos lo han dejado bien documentado en su estudio.

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La gobernanza abierta, es poder compartido para todas las instituciones, territoriales, locales y hasta supranacionales, como respuesta a la globalización, porque ese es el papel equilibrador. Sin miedos, siendo capaces de explicarlo y compartirlo con la ciudadanía, para evitar los movimientos convulsos de los populismos ultras, de sus mensajes sencillos que calan en las heridas que no han cicatrizado en una ciudadanía explotada por el sistema, por eso ha triunfado “que América sea lo primero”, el Brexit y otros que siguen sus pasos.

En el fondo subyace la pregunta: ¿qué democracia queremos? ¿qué partidos políticos precisamos? y como les exigimos que respondan a sus compromisos de ética, transparencia y rendición de cuentas. Es la confianza que la convertimos en fuerza movilizadora, y quienes superen esos retos desde el debate público y sean capaces de asumir nuevos procesos con decisiones transparentes, serán las referencias de los nuevos proyectos.

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El poder de los que mandan

 

Vivimos en un mundo de contrastes, de diferencias, de inseguridades y de desigualdades sociales, con una democracia, que ha permitido que tanto sus élites políticas como las económicas sean las poseedoras de exorbitantes medios de poder, institucionales unos y fácticos o reales los otros, pero ambos hacia el mismo objetivo: favorecerse en detrimento del resto. Actúan en asociación mutua para manipular a la opinión pública, conformando voluntades, haciendo uso del poder que los ciudadanos hemos depositado en la democracia representativa.

No perciben, sin embargo, que ellos mismos podrían llegar a ser destruidos siguiendo por ese camino perverso de alimentar con mentiras el sistema; y piensan que su alianza es más fuerte que la voluntad aislada e individual de los ciudadanos, y actúan condicionando para que esta sociedad, tanto desde la vida local, como regional, o desde espacios más globales, se articule a medida de los intereses de sus líderes políticos. Olvidando que lo principal son las personas, esa ciudadanía que, en su mayoría, vive como observante perdedora, y que, por otro lado, será la única fuerza capaz de sacarnos de la ruina social.

A un político (empresario), como es el caso de Trump, por ser el primero en el selecto club mixto de perturbadores sociales en muchos terrenos, la alianza de poder ha conseguido que el sistema democrático lo encumbre, y en otros espacios consiguen que los exculpen, los indulten o adecuen las normas penales, por el abuso que se hace de las mayorías obtenidas. La reciente inconstitucionalidad de la amnistía fiscal impulsada por Montoro es una prueba más de estos abusos, así como la negativa a publicar la lista de los beneficiarios que por transparencia se la ha exigido al ministro desde muy diferentes actores. No se entiende que el Gobierno firmara en 2016 un Acuerdo contra la corrupción (Londres) con 26 medidas, y a día de hoy, solo tres se han puesto en activo, el resto no existe interés por impulsarlas, y ni siquiera se ha hecho público dicho acuerdo, que se conoce por fuentes internacionales. Y una parte muy importante es la transparencia en la contratación pública. Un problema generalizado en el que suspenden casi la mitad de las Comunidades Autónomas y la mayoría de los importantes Ayuntamientos, nuestro Estado de Bienestar, se mantendrá si somos capaces de expulsar de la vida pública a corruptos y corruptores, porque el volumen de los desvíos de fondos es superior a los déficit en sanidad, educación y servicios sociales.

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Estas extrañas alianzas de poder, porque son muy diferentes en cada ámbito, y aunque surgen de un mismo método, llegan a extorsionar a las más altas instituciones para que sus decisiones, por muy absurdas que sean, cambien la vida y el rumbo del mundo, nieguen la evidencia, como es el caso del cambio climático, y miren con desprecio a la sociedad como si fuéramos incultos y nostálgicos. Insultan a los ciudadanos que los sostienen, enriqueciendo siempre, a los de la alianza de poder, son ¡Intocables! ¡Impunes!

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¡SEÑORÍAS!

 

 

¡Señorías, sin transparencia no pueden estar aquí sentados! Es el premio nacional de expresión y dibujo que en 2016 ganó un alumno de la ESO en el concurso nacional en el Día Internacional del Derecho a Saber. Este alumno no había leído nuestra Ley de Transparencia, ni el artículo 54 pero su sentido común le hacía “entender” que un político que no esté limpio, no puede estar sentado en un espacio público representando a la ciudadanía.

Los acontecimientos ocurridos en estos últimos meses, han puesto de manifiesto un desgobierno de lo público, cosa que ya denunció en un trabajo publicado hace tiempo el profesor Nieto, y recientemente, en la encuesta de Metroscopia (El País 23/4/2017) el 96% opina que no se conocen todos los casos de corrupción ni hemos llegado al fin. El constante “mensaje” de que “con este gobierno la justicia funciona”, además de no ser cierto, es la peor manifestación a un problema que sus raíces están en otra esfera.

Dicen ser transparente y con gobiernos abiertos, y los hechos nos presentan una imagen todo lo contrario. La incapacidad de los políticos a imponerse unas normas que la sociedad demanda, no se entiende, y es que viven en un panorama “imaginario” que no se ajusta a la realidad y la consecuencia es que, a día de hoy, las Instituciones según la última encuesta del CIS destilan desconfianza, desafección política y descrédito de sus gestores.

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El jurista Jiménez Asensio, nos deja la reflexión del abuso que se está realizando por parte de evaluadores de instituciones públicas con altas notas en transparencia. Parece que la ecuación más transparencia menos corrupción, que es válida para buena parte de los países demócratas avanzados, no parece ofrecer en nuestro caso una identidad perfecta, hay demasiadas excepciones. Algo falla, nos dice Jiménez, y no por culpa de la metodología, que aplica indicadores y procedimientos contrastados y fiables, con buenos resultados en otras sociedades. No es un problema de las técnicas, es un problema institucional. Es un cambio de cultura, para que la transparencia esté en la organización pública y privada. El funcionamiento institucional no es transparente, porque no es independiente, y esa relación de “cautividad” de nuestras instituciones de control, desde las financieras, jurídicas, del marcado y sociales, impiden, a mi juicio, que esta sociedad cambie. La regeneración tan demandada, es un deseo que se aleja, y hay voces que hasta defienden que no es bueno desear “tanta” transparencia.

El problema está mal enfocado, porque con tanta publicidad de “portales” nos quieren confundir que cumpliendo con las preguntas de la publicidad activa que nos marca nuestra legislación el problema es de nota. Olvidan, o se quiere olvidar, que la ciudadanía equipara la transparencia a publicitar muchos datos y dar el mensaje de cumplimiento, con indicadores que lo avalan, y eso es información, que es el primer escalón para alcanzar la transparencia. Nos hemos quedado en el concepto de “transparencia pobre” descafeinada, y hemos renunciado a la energía que supone la “transparencia como reforma de las Administraciones Públicas.

 

“El poder tiene que sentirse observado”, nos decía Montesquieu, y la ley de Transparencia nos manda que velemos por el cumplimiento. La transparencia, la ciudadanía la entiende como la expresión de la “verdad”, y es, esa idea del conocimiento de las cosas, y que tan expresivamente se recoge, desde 1798, en la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. (artículos 11 y 15). Y, ¿qué nos separa de éstos ideales? Pues que nos estamos haciendo trampas en el solitario.

Los políticos consideran a la ciudadanía capaz de soportarlo todo por miedo a la quiebra del sistema, y es precisamente el miedo, el que nos llevará a la desintegración y al fracaso como país. Por lo menos así lo podemos leer en el estudio de Acemoglu y Robison, en donde una causa principal de fracaso de los países es que sus instituciones no se integran en la sociedad.

La transparencia es para ejercitar el control y exigir la rendición de cuentas por la ciudadanía y nada más lejos del pensamiento político de los que gobiernan de permitir semejante herejía. Dar el control a la ciudadanía es ahorcarse uno mismo. Eso ¡jamás!

Por eso vivimos inmersos en un travestismo de convertir la publicidad activa en transparencia, y nos estamos introduciendo en una peligrosa orientación de confundir al ciudadano diciéndole que el control democrático se realiza desde el plasma. La democracia del plasma, es el fracaso de la idea del poliedro de la transparencia que tiene que conjugar en el ejercicio pleno derecho a la información, rendición de cuentas, control del gestor público, participación, reforma de la Administración Pública, gobierno abierto –open data- y buen gobierno-ética pública.

La transparencia tiene que pasar de ser la palabra de moda para los políticos, a convertirse en instrumento de combate de la ciudadanía. No podemos consentir que el mantra de los “argumentarios” nos confunda. Porque desde la ESO, nos están demostrando que los niños sí lo entienden, porque la transparencia es sinceridad, y desde esa posición, de la verdad de los hechos sin cocinar, será el motor de cambio de toda la institución pública.

Precisamos más cambios, más creyentes de lo público, más servidores en exclusiva, sin compatibilizar funciones. Desde GRECO nos lo están recordando, y tenemos pendiente de asumir cambios sustanciales en legislación y funcionamiento para garantizar la independencia. Y no olvidemos que para vigilar, lo importante es sancionar a tiempo. Si analizamos el “recusatorio” del Consejo del Poder Judicial sobre los casos de corrupción, nos surgirá la necesidad de una Ley que proteja al denunciante (porque denunciar a los que mienten es un reto peligroso y revolucionario), de esa forma la delincuencia económica, lo que ha sido calificado de “organizaciones criminales”, pueda ser pronto  algo del pasado, como deseaba el Jefe de Estado en su mensaje a las Cámaras en la apertura de la última legislatura cuando dijo: “que hay que combatir la corrupción con firmeza y que llegue a ser un triste recuerdo de una lacra a vencer y superar”.

De momento, no parece que pronto podamos cumplir ese objetivo, y muy difícil lo tenemos, si no cambiamos de dirección, por el camino que vamos, nos alejamos de alcanzar esa meta.

 

José Molina Molina

 

The Economy Journal. Monográfico sobre la transparencia

http://www.rommurcia.es/2017/05/03/pepe-molina-reflexiona-sobre-el-valor-real-que-se-le-da-a-la-transparencia/

Nuestro experto en economía y transparencia se sirve de un monográfico de The Economy Journal para reflexionar sobre el valor que se le está dando a la transparencia en nuestra sociedad. Cree que no se están aplicando las medidas necesarias para llegar a una transparencia óptima. Pepe Molina lo tiene claro: “Sin transparencia no hay democracia”.

 

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LOS ORGANISMOS INDEPENDIENTES EN LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

LOS ORGANISMOS INDEPENDIENTES EN LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

RESUMEN

Cuando la política naufraga por causa de la ineptitud de los que hemos elegido democráticamente, por la irresponsabilidad de los dirigentes o porque los asuntos que tienen que abordar los sobrepasan, la sociedad civil apela a la ética como una fórmula para resolver lo que el político ha llevado al desastre.

Lo cierto es que, en la sociedad virtual, abierta y globalizada, se diluyen estas críticas, o se distorsionan, y observamos cómo personajes imprevisibles alcanzan el éxito, como es el caso de Trump, Putin, Grillo, Le Pen, y tantos imitadores, por ambos lados del escenario político. Surge una pregunta inevitable: ¿Quién es el viejo o el nuevo sujeto político? ¿Cómo construimos la nueva sociedad? Son las encuestas de opinión, los expertos, los tertulianos, los grupos de presión, los que fabrican los índices de cotización, los que manejan las finanzas, o los que nos inyectan los miedos. ¿Quiénes son los que construyen una sociedad sin cimientos? ¿Quiénes son los que destruyen los valores que nos han traído la prosperidad y la paz en muchas décadas? Cada día vivimos con muy poco espacio para la soberanía ciudadana y para los movimientos sociales, y ese es un tema central, aportar ideas para fortalecer una democracia participativa con organismos independientes constituye una responsabilidad de todos.

Ver articulo completo pinchando aquí.

Sin entender las leyes

Sin entender las leyes no puede haber respeto a la ciudadanía y representa un insulto a la integridad pública, porque se destruyen los valores y principios del sistema democrático. Es la observancia a todas las normas (art. 9 de la CE), lo que legitima el funcionamiento del sistema y a los cargos públicos en el desempeño de sus funciones. Su permanencia en el cargo está sometida a una doble condición, primero a las formas de su elección o designación, y seguidamente, a la observancia y el cumplimiento de las normas, pero no se puede cumplir lo que no se entiende.

Olvidarlo es iniciar un divorcio entre los principios y los valores que han sido prometidos o jurados. Por eso nunca, el interés personal o partidista de los que están en el desempeño de un cargo público puede hacer torcidas interpretaciones en los conflictos con estos principios.

Cuando el cargo público se vea incurso en un proceso penal, debe salir de la esfera pública, para defender con libertad su presunción de inocencia, porque desde ese momento en donde se inicia el proceso de su investigación (imputación), se articula su defensa, la que le permite interpretar, disfrazar, encubrir, y hasta mentir, negando lo evidente, cosa que no ocurre con un testigo en el proceso. La defensa del investigado es lo esencial, y buscar todo tipo de apoyos para salir absuelto, constituye una estrategia de todo procesado. Defiende “su verdad” y es el tribunal el que con las pruebas pertinentes tiene que juzgar.

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Los administradores de la res pública tienen un plus de deberes con respecto a la sociedad a la que sirven, aunque para ello deben ser conscientes de la existencia de normas de conducta éticas y normas tipificadas como ilícitos penales. Tan exigentes y de obligado cumplimiento son las primeras como las segundas. Por eso la infracción de una norma ética genera un reproche social, de diferente intensidad y ámbito que el penal pero que comporta la obligación de “entender” ese reproche social, sin necesidad de esperar al escrutinio penal de esa conducta que se dilucida en otros ámbitos y jurisdicción distinta de la social.

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Una sociedad sin muros

Una sociedad sin muros

 

“No tiene sentido que quien ocupa un puesto público y por tanto cobra del presupuesto público, ponga reparos para que se conozca el costo total de sus retribuciones”

 

El 28 de enero fue el día de la Protección de Datos en Europa, una jornada impulsada por la Comisión Europea, el Consejo de Europa y las autoridades de Protección de Datos de los Estados miembros de la Unión Europea, con el objetivo de promover el conocimiento entre los ciudadanos acerca de cuales son sus derechos y responsabilidades en materia de protección de datos. El Data Protection Day, se instauró para concienciar y promover  buenas practicas relacionadas con el uso de la protección de datos con el objetivo que los ciudadanos entiendan como se recopila y procesan sus datos, por qué motivo y cuáles son sus derechos respecto a este procesamiento. La iniciativa pretende educar la las empresas y usuarios acerca de la importancia de proteger su información personal online, y en especial, en el contexto de las redes sociales. Por ejemplo, en sanidad pública los beneficios para el usuario son importantísimos, pero aumenta su eficacia, a medida que los procedimientos se emplean para administrar recursos, planificar, atender urgencias, y mejorar los servicios a los usuarios. Lo mismo en otros servicios públicos, no ya por la mejora al usuario, sino para que los ciudadanos puedan conocer sus costos, los responsables y lo que perciben. Proteger y ejercer una accountability, son compatibles, porque en lo público, los secretos y la privacidad están tasados por ley.

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En el Eurobarómetro del 2015 se ponía de manifiesto que más de la mitad de los ciudadanos ni les gusta ceder información personal a cambio de servicios gratuitos ni valoran el uso de sus datos personales para recibir publicidad sesgada. Lo que se reclama es más transparencia acerca del uso de los datos personales que los ciudadanos dispongan de información suficiente para que los recursos tecnológicos sean un camino para construir la sociedad transparente. Y ese es el sentido de instaurar un Día de la Protección de Datos en Europa, el promover las buenas practicas relacionadas con el uso de la protección de datos.

Estamos de acuerdo que el “tratamiento de los datos es el petróleo del siglo XXI”, pero además de una oportunidad de un negocio inmenso, es la gran oportunidad de construir una sociedad ordenada, con la colaboración y el respeto, en donde lo privado se proteja y lo público sea un espejo en donde la sociedad se mire para mejorar su entorno, y  todos nos beneficiemos de las ventajas de vivir en una sociedad sin muros.

Así por lo menos lo están entendiendo en Alemania, donde los Lander ejercen esa función conjunta y el Comisionado por la Transparencia tiene la responsabilidad del control de la Agencia de Protección de Datos, y en nuestra cercana Andalucía, donde por su competencia estatuaria el Comisionado de la Transparencia ejerce las funciones en ambos sentidos.

Algunos han perdido el norte, y quieren protegerse permanentemente con escudos de opacidad, y me refiero a la presión de algunos sectores de funcionarios públicos, que pretende que no se conozcan  sus percepciones totales, en base a la protección de su intimidad. No tiene sentido que quien ocupa un puesto público, cobra del presupuesto público, se le dio posesión haciendo público su adjudicación y sirve a su comunidad, ponga reparos para que se conozca el costo total de sus retribuciones, cuando lo dice expresamente una ley.

La seguridad de la sociedad del siglo XXI, es defenderse de aquellas tramas criminales que se han organizado para corromper y apropiarse de lo publico, precisamente poniendo como escudo la privacidad de los ciudadanos, pero con el objetivo de que sea más difícil llegar a descubrir sus circuitos organizados de corrupción. Los papeles de Panamá lo han puesto de manifiesto.

El reto es colectivo, para educar a una sociedad que tiene que desarrollar sus conocimientos compartiendo, impulsando la comunicación,  pero respetando, haciendo de lo público un proyecto compartido, construyendo una sociedad del conocimiento y la innovación, integrándonos en las instituciones para fortalecerlas y trasmitiendo a las nuevas generaciones que estos nuevas formas de compartir no es para destruir la convivencia, sino para hacernos más participes y encontrar soluciones con más eficacia. Esa es la sociedad de la transparencia, de la solidaridad y la integración. Por eso afirmamos insistentemente que sin transparencia no hay democracia.

 

José Molina

Presidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia

Publicado en el Diario La Verdad el 8/02/2017

Contra los radicalismos, soberanía y transparencia

 

El reto para frenar los radicalismos y populismos consiste en que lo legítimo, los límites, las normas y la ética se plasmen en reglas

JOSÉ MOLINA

 

Las grandes conquistas en libertad, justicia, solidaridad, género e integración racial, suscitan consensos más teóricos que reales. Cuando descendemos a pie de calle nace la duda, la cual se hace presente en muy diferentes embrollos ideológicos que entremezclan problemas e intereses que nada tienen que ver con los conceptos esenciales. El espectáculo en la UE es un dato a considerar, tanto en la política de migración como en recortes, represiones y movimientos antidemocráticos. Y los recientes resultados en EEUU con el resurgir del más rancio conservadurismo es una señal de alarma, Nietzsche nos recuerda: me asome al abismo y me reconoció.

La democracia no ha eliminado lo que Max Weber denominó “la manía clerical de querer siempre tener razón”, y vivimos con amargura las debilidades de una democracia que no sabe interpretar los sentimientos y prioridades de su ciudadanía. La clase política da la sensación de que no participa del sentir de la calle, de sus opiniones, de sus discrepancias y de lo que representan: los principios y derechos ciudadanos. Hoy flota una pregunta en el ambiente: ¿Existe el Derecho?

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El historiador británico Runciman nos dejó dicho que las democracias liberales tienden a derivar hacia la injusticia, porque sus ciudadanos se han acostumbrado a vivir al resguardo de las concentraciones de poder político sin darse cuenta de que así se exponen al riesgo de quedar sometidos al poder económico.

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La democracia en directo

Vivir la democracia en directo es un reto. Los Consejos de Transparencia lo tenemos que asumir, y en mi ponencia del Congreso Internacional del Gobierno Abierto a celebrar en Valencia los próximos días 8 y 9 de septiembre, es el tema que voy a abordar.
Pienso que la relación que hoy existe entre gobernantes y gobernados, es una relación compleja, porque existen tensiones contradictorias, entre la visión del ciudadano y el oficio de los políticos elegidos. Y en ese desencuentro, no se toma siempre el camino acertado, sustituyéndolo muchas veces con los términos recurrentes de “proximidad”, pero olvidamos que la búsqueda de la cercanía con la ciudadanía, es un imperativo de la TRANSPARENCIA, y en esa arquitectura política, es donde se abandona lo impersonal y lo abstracto, y aumenta la sensibilidad ante una sociedad plural, y es entonces cuando empezamos a comprender la complejidad.
Las políticas públicas, en ese contexto viven la realidad del mundo de la pluralidad, un mundo que no se divide en mayorías ni minorías, ni ganadores de elecciones, ni excluyentes, sino que en el horizonte se tiene como tarea común no privilegiar a nadie, y es entonces cuando las sociedades sienten el buen gobierno de lo público, participando y controlando. La democracia nos plantea situaciones complejas, y cuando los resultados electorales hay que interpretarlos, es poco realista no experimentar que la democracia hay que vivirla desde ese compromiso, porque es ahí donde encontraremos más libertad.

José Molina. Presidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia

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