Economia A Pie De Calle

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¡SEÑORÍAS!

 

 

¡Señorías, sin transparencia no pueden estar aquí sentados! Es el premio nacional de expresión y dibujo que en 2016 ganó un alumno de la ESO en el concurso nacional en el Día Internacional del Derecho a Saber. Este alumno no había leído nuestra Ley de Transparencia, ni el artículo 54 pero su sentido común le hacía “entender” que un político que no esté limpio, no puede estar sentado en un espacio público representando a la ciudadanía.

Los acontecimientos ocurridos en estos últimos meses, han puesto de manifiesto un desgobierno de lo público, cosa que ya denunció en un trabajo publicado hace tiempo el profesor Nieto, y recientemente, en la encuesta de Metroscopia (El País 23/4/2017) el 96% opina que no se conocen todos los casos de corrupción ni hemos llegado al fin. El constante “mensaje” de que “con este gobierno la justicia funciona”, además de no ser cierto, es la peor manifestación a un problema que sus raíces están en otra esfera.

Dicen ser transparente y con gobiernos abiertos, y los hechos nos presentan una imagen todo lo contrario. La incapacidad de los políticos a imponerse unas normas que la sociedad demanda, no se entiende, y es que viven en un panorama “imaginario” que no se ajusta a la realidad y la consecuencia es que, a día de hoy, las Instituciones según la última encuesta del CIS destilan desconfianza, desafección política y descrédito de sus gestores.

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El jurista Jiménez Asensio, nos deja la reflexión del abuso que se está realizando por parte de evaluadores de instituciones públicas con altas notas en transparencia. Parece que la ecuación más transparencia menos corrupción, que es válida para buena parte de los países demócratas avanzados, no parece ofrecer en nuestro caso una identidad perfecta, hay demasiadas excepciones. Algo falla, nos dice Jiménez, y no por culpa de la metodología, que aplica indicadores y procedimientos contrastados y fiables, con buenos resultados en otras sociedades. No es un problema de las técnicas, es un problema institucional. Es un cambio de cultura, para que la transparencia esté en la organización pública y privada. El funcionamiento institucional no es transparente, porque no es independiente, y esa relación de “cautividad” de nuestras instituciones de control, desde las financieras, jurídicas, del marcado y sociales, impiden, a mi juicio, que esta sociedad cambie. La regeneración tan demandada, es un deseo que se aleja, y hay voces que hasta defienden que no es bueno desear “tanta” transparencia.

El problema está mal enfocado, porque con tanta publicidad de “portales” nos quieren confundir que cumpliendo con las preguntas de la publicidad activa que nos marca nuestra legislación el problema es de nota. Olvidan, o se quiere olvidar, que la ciudadanía equipara la transparencia a publicitar muchos datos y dar el mensaje de cumplimiento, con indicadores que lo avalan, y eso es información, que es el primer escalón para alcanzar la transparencia. Nos hemos quedado en el concepto de “transparencia pobre” descafeinada, y hemos renunciado a la energía que supone la “transparencia como reforma de las Administraciones Públicas.

 

“El poder tiene que sentirse observado”, nos decía Montesquieu, y la ley de Transparencia nos manda que velemos por el cumplimiento. La transparencia, la ciudadanía la entiende como la expresión de la “verdad”, y es, esa idea del conocimiento de las cosas, y que tan expresivamente se recoge, desde 1798, en la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. (artículos 11 y 15). Y, ¿qué nos separa de éstos ideales? Pues que nos estamos haciendo trampas en el solitario.

Los políticos consideran a la ciudadanía capaz de soportarlo todo por miedo a la quiebra del sistema, y es precisamente el miedo, el que nos llevará a la desintegración y al fracaso como país. Por lo menos así lo podemos leer en el estudio de Acemoglu y Robison, en donde una causa principal de fracaso de los países es que sus instituciones no se integran en la sociedad.

La transparencia es para ejercitar el control y exigir la rendición de cuentas por la ciudadanía y nada más lejos del pensamiento político de los que gobiernan de permitir semejante herejía. Dar el control a la ciudadanía es ahorcarse uno mismo. Eso ¡jamás!

Por eso vivimos inmersos en un travestismo de convertir la publicidad activa en transparencia, y nos estamos introduciendo en una peligrosa orientación de confundir al ciudadano diciéndole que el control democrático se realiza desde el plasma. La democracia del plasma, es el fracaso de la idea del poliedro de la transparencia que tiene que conjugar en el ejercicio pleno derecho a la información, rendición de cuentas, control del gestor público, participación, reforma de la Administración Pública, gobierno abierto –open data- y buen gobierno-ética pública.

La transparencia tiene que pasar de ser la palabra de moda para los políticos, a convertirse en instrumento de combate de la ciudadanía. No podemos consentir que el mantra de los “argumentarios” nos confunda. Porque desde la ESO, nos están demostrando que los niños sí lo entienden, porque la transparencia es sinceridad, y desde esa posición, de la verdad de los hechos sin cocinar, será el motor de cambio de toda la institución pública.

Precisamos más cambios, más creyentes de lo público, más servidores en exclusiva, sin compatibilizar funciones. Desde GRECO nos lo están recordando, y tenemos pendiente de asumir cambios sustanciales en legislación y funcionamiento para garantizar la independencia. Y no olvidemos que para vigilar, lo importante es sancionar a tiempo. Si analizamos el “recusatorio” del Consejo del Poder Judicial sobre los casos de corrupción, nos surgirá la necesidad de una Ley que proteja al denunciante (porque denunciar a los que mienten es un reto peligroso y revolucionario), de esa forma la delincuencia económica, lo que ha sido calificado de “organizaciones criminales”, pueda ser pronto  algo del pasado, como deseaba el Jefe de Estado en su mensaje a las Cámaras en la apertura de la última legislatura cuando dijo: “que hay que combatir la corrupción con firmeza y que llegue a ser un triste recuerdo de una lacra a vencer y superar”.

De momento, no parece que pronto podamos cumplir ese objetivo, y muy difícil lo tenemos, si no cambiamos de dirección, por el camino que vamos, nos alejamos de alcanzar esa meta.

 

José Molina Molina

 

The Economy Journal. Monográfico sobre la transparencia

http://www.rommurcia.es/2017/05/03/pepe-molina-reflexiona-sobre-el-valor-real-que-se-le-da-a-la-transparencia/

Nuestro experto en economía y transparencia se sirve de un monográfico de The Economy Journal para reflexionar sobre el valor que se le está dando a la transparencia en nuestra sociedad. Cree que no se están aplicando las medidas necesarias para llegar a una transparencia óptima. Pepe Molina lo tiene claro: “Sin transparencia no hay democracia”.

 

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LOS ORGANISMOS INDEPENDIENTES EN LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

LOS ORGANISMOS INDEPENDIENTES EN LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

RESUMEN

Cuando la política naufraga por causa de la ineptitud de los que hemos elegido democráticamente, por la irresponsabilidad de los dirigentes o porque los asuntos que tienen que abordar los sobrepasan, la sociedad civil apela a la ética como una fórmula para resolver lo que el político ha llevado al desastre.

Lo cierto es que, en la sociedad virtual, abierta y globalizada, se diluyen estas críticas, o se distorsionan, y observamos cómo personajes imprevisibles alcanzan el éxito, como es el caso de Trump, Putin, Grillo, Le Pen, y tantos imitadores, por ambos lados del escenario político. Surge una pregunta inevitable: ¿Quién es el viejo o el nuevo sujeto político? ¿Cómo construimos la nueva sociedad? Son las encuestas de opinión, los expertos, los tertulianos, los grupos de presión, los que fabrican los índices de cotización, los que manejan las finanzas, o los que nos inyectan los miedos. ¿Quiénes son los que construyen una sociedad sin cimientos? ¿Quiénes son los que destruyen los valores que nos han traído la prosperidad y la paz en muchas décadas? Cada día vivimos con muy poco espacio para la soberanía ciudadana y para los movimientos sociales, y ese es un tema central, aportar ideas para fortalecer una democracia participativa con organismos independientes constituye una responsabilidad de todos.

Ver articulo completo pinchando aquí.

Sin entender las leyes

Sin entender las leyes no puede haber respeto a la ciudadanía y representa un insulto a la integridad pública, porque se destruyen los valores y principios del sistema democrático. Es la observancia a todas las normas (art. 9 de la CE), lo que legitima el funcionamiento del sistema y a los cargos públicos en el desempeño de sus funciones. Su permanencia en el cargo está sometida a una doble condición, primero a las formas de su elección o designación, y seguidamente, a la observancia y el cumplimiento de las normas, pero no se puede cumplir lo que no se entiende.

Olvidarlo es iniciar un divorcio entre los principios y los valores que han sido prometidos o jurados. Por eso nunca, el interés personal o partidista de los que están en el desempeño de un cargo público puede hacer torcidas interpretaciones en los conflictos con estos principios.

Cuando el cargo público se vea incurso en un proceso penal, debe salir de la esfera pública, para defender con libertad su presunción de inocencia, porque desde ese momento en donde se inicia el proceso de su investigación (imputación), se articula su defensa, la que le permite interpretar, disfrazar, encubrir, y hasta mentir, negando lo evidente, cosa que no ocurre con un testigo en el proceso. La defensa del investigado es lo esencial, y buscar todo tipo de apoyos para salir absuelto, constituye una estrategia de todo procesado. Defiende “su verdad” y es el tribunal el que con las pruebas pertinentes tiene que juzgar.

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Los administradores de la res pública tienen un plus de deberes con respecto a la sociedad a la que sirven, aunque para ello deben ser conscientes de la existencia de normas de conducta éticas y normas tipificadas como ilícitos penales. Tan exigentes y de obligado cumplimiento son las primeras como las segundas. Por eso la infracción de una norma ética genera un reproche social, de diferente intensidad y ámbito que el penal pero que comporta la obligación de “entender” ese reproche social, sin necesidad de esperar al escrutinio penal de esa conducta que se dilucida en otros ámbitos y jurisdicción distinta de la social.

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Una sociedad sin muros

Una sociedad sin muros

 

“No tiene sentido que quien ocupa un puesto público y por tanto cobra del presupuesto público, ponga reparos para que se conozca el costo total de sus retribuciones”

 

El 28 de enero fue el día de la Protección de Datos en Europa, una jornada impulsada por la Comisión Europea, el Consejo de Europa y las autoridades de Protección de Datos de los Estados miembros de la Unión Europea, con el objetivo de promover el conocimiento entre los ciudadanos acerca de cuales son sus derechos y responsabilidades en materia de protección de datos. El Data Protection Day, se instauró para concienciar y promover  buenas practicas relacionadas con el uso de la protección de datos con el objetivo que los ciudadanos entiendan como se recopila y procesan sus datos, por qué motivo y cuáles son sus derechos respecto a este procesamiento. La iniciativa pretende educar la las empresas y usuarios acerca de la importancia de proteger su información personal online, y en especial, en el contexto de las redes sociales. Por ejemplo, en sanidad pública los beneficios para el usuario son importantísimos, pero aumenta su eficacia, a medida que los procedimientos se emplean para administrar recursos, planificar, atender urgencias, y mejorar los servicios a los usuarios. Lo mismo en otros servicios públicos, no ya por la mejora al usuario, sino para que los ciudadanos puedan conocer sus costos, los responsables y lo que perciben. Proteger y ejercer una accountability, son compatibles, porque en lo público, los secretos y la privacidad están tasados por ley.

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En el Eurobarómetro del 2015 se ponía de manifiesto que más de la mitad de los ciudadanos ni les gusta ceder información personal a cambio de servicios gratuitos ni valoran el uso de sus datos personales para recibir publicidad sesgada. Lo que se reclama es más transparencia acerca del uso de los datos personales que los ciudadanos dispongan de información suficiente para que los recursos tecnológicos sean un camino para construir la sociedad transparente. Y ese es el sentido de instaurar un Día de la Protección de Datos en Europa, el promover las buenas practicas relacionadas con el uso de la protección de datos.

Estamos de acuerdo que el “tratamiento de los datos es el petróleo del siglo XXI”, pero además de una oportunidad de un negocio inmenso, es la gran oportunidad de construir una sociedad ordenada, con la colaboración y el respeto, en donde lo privado se proteja y lo público sea un espejo en donde la sociedad se mire para mejorar su entorno, y  todos nos beneficiemos de las ventajas de vivir en una sociedad sin muros.

Así por lo menos lo están entendiendo en Alemania, donde los Lander ejercen esa función conjunta y el Comisionado por la Transparencia tiene la responsabilidad del control de la Agencia de Protección de Datos, y en nuestra cercana Andalucía, donde por su competencia estatuaria el Comisionado de la Transparencia ejerce las funciones en ambos sentidos.

Algunos han perdido el norte, y quieren protegerse permanentemente con escudos de opacidad, y me refiero a la presión de algunos sectores de funcionarios públicos, que pretende que no se conozcan  sus percepciones totales, en base a la protección de su intimidad. No tiene sentido que quien ocupa un puesto público, cobra del presupuesto público, se le dio posesión haciendo público su adjudicación y sirve a su comunidad, ponga reparos para que se conozca el costo total de sus retribuciones, cuando lo dice expresamente una ley.

La seguridad de la sociedad del siglo XXI, es defenderse de aquellas tramas criminales que se han organizado para corromper y apropiarse de lo publico, precisamente poniendo como escudo la privacidad de los ciudadanos, pero con el objetivo de que sea más difícil llegar a descubrir sus circuitos organizados de corrupción. Los papeles de Panamá lo han puesto de manifiesto.

El reto es colectivo, para educar a una sociedad que tiene que desarrollar sus conocimientos compartiendo, impulsando la comunicación,  pero respetando, haciendo de lo público un proyecto compartido, construyendo una sociedad del conocimiento y la innovación, integrándonos en las instituciones para fortalecerlas y trasmitiendo a las nuevas generaciones que estos nuevas formas de compartir no es para destruir la convivencia, sino para hacernos más participes y encontrar soluciones con más eficacia. Esa es la sociedad de la transparencia, de la solidaridad y la integración. Por eso afirmamos insistentemente que sin transparencia no hay democracia.

 

José Molina

Presidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia

Publicado en el Diario La Verdad el 8/02/2017

Contra los radicalismos, soberanía y transparencia

 

El reto para frenar los radicalismos y populismos consiste en que lo legítimo, los límites, las normas y la ética se plasmen en reglas

JOSÉ MOLINA

 

Las grandes conquistas en libertad, justicia, solidaridad, género e integración racial, suscitan consensos más teóricos que reales. Cuando descendemos a pie de calle nace la duda, la cual se hace presente en muy diferentes embrollos ideológicos que entremezclan problemas e intereses que nada tienen que ver con los conceptos esenciales. El espectáculo en la UE es un dato a considerar, tanto en la política de migración como en recortes, represiones y movimientos antidemocráticos. Y los recientes resultados en EEUU con el resurgir del más rancio conservadurismo es una señal de alarma, Nietzsche nos recuerda: me asome al abismo y me reconoció.

La democracia no ha eliminado lo que Max Weber denominó “la manía clerical de querer siempre tener razón”, y vivimos con amargura las debilidades de una democracia que no sabe interpretar los sentimientos y prioridades de su ciudadanía. La clase política da la sensación de que no participa del sentir de la calle, de sus opiniones, de sus discrepancias y de lo que representan: los principios y derechos ciudadanos. Hoy flota una pregunta en el ambiente: ¿Existe el Derecho?

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El historiador británico Runciman nos dejó dicho que las democracias liberales tienden a derivar hacia la injusticia, porque sus ciudadanos se han acostumbrado a vivir al resguardo de las concentraciones de poder político sin darse cuenta de que así se exponen al riesgo de quedar sometidos al poder económico.

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La democracia en directo

Vivir la democracia en directo es un reto. Los Consejos de Transparencia lo tenemos que asumir, y en mi ponencia del Congreso Internacional del Gobierno Abierto a celebrar en Valencia los próximos días 8 y 9 de septiembre, es el tema que voy a abordar.
Pienso que la relación que hoy existe entre gobernantes y gobernados, es una relación compleja, porque existen tensiones contradictorias, entre la visión del ciudadano y el oficio de los políticos elegidos. Y en ese desencuentro, no se toma siempre el camino acertado, sustituyéndolo muchas veces con los términos recurrentes de “proximidad”, pero olvidamos que la búsqueda de la cercanía con la ciudadanía, es un imperativo de la TRANSPARENCIA, y en esa arquitectura política, es donde se abandona lo impersonal y lo abstracto, y aumenta la sensibilidad ante una sociedad plural, y es entonces cuando empezamos a comprender la complejidad.
Las políticas públicas, en ese contexto viven la realidad del mundo de la pluralidad, un mundo que no se divide en mayorías ni minorías, ni ganadores de elecciones, ni excluyentes, sino que en el horizonte se tiene como tarea común no privilegiar a nadie, y es entonces cuando las sociedades sienten el buen gobierno de lo público, participando y controlando. La democracia nos plantea situaciones complejas, y cuando los resultados electorales hay que interpretarlos, es poco realista no experimentar que la democracia hay que vivirla desde ese compromiso, porque es ahí donde encontraremos más libertad.

José Molina. Presidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia

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SENSIBLES AL CAMBIO

Hace un año que se constituyó el Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia, y debo manifestar que la sociedad civil ha sido “sensible al cambio” para una sociedad más transparente. Mi agradecimiento por su colaboración y espero que entre todos podamos construir un nuevo modelo de convivencia.

 

 Decía Platón en “La república” que la tiranía hay que rechazarla porque repugna participar en un sistema que ejerce el poder con temor, inseguridad y relación única. Ante eso tenemos que reaccionar con indignación, vergüenza y rabia. Pero no alcanzaremos esos sentimientos del cambio y si no hay sensibilidad ante lo inaceptable e injusto.

Adam Smith, en su “Teoría de los sentimientos morales” nos señalaba bien claro que en los orígenes de la economía liberal se encuentra ese sentimiento de aprobar lo que nos da satisfacción. Es la empatía la que nos conmueve y es la indiferencia la que nos lleva a no sentir nada. Aquello que no nos subleva, que en lenguaje coloquial, se dice que nos deja fríos” es inhumano. Precisamos para vivir en comunidad esos sentimientos que nos hagan partícipes y miembros activos de una comunidad que siente en común y cuando se consigue, contamos con un poder social de cohesión, si no está presente no hay constitución que mantenga lazos, es la indiferencia de unos con los otros. Es la separación por la rotura de no sentir lo mismo, sin embargo, cuando existe ese sentimiento nos encontramos con la fortaleza de las idas y es en ese punto dónde se reafirman las posiciones y el contrario depende de nosotros. Dominamos, al contrario, con la empatía, cuando lo desarmamos que es cuando socialmente lo hemos desmoralizado, o sea, cuando lo desnudamos y demostramos que carece de moral. Y es cuando queda en evidencia que viven en la “indiferencia” porque no hace suyo lo que los demás diferenciamos entre el bien y el mal.

Poder de la información (1)

Es bueno recordar que en la Grecia clásica el “idiotes” era quien no participaba en los asuntos públicos y prefería dedicarse únicamente a los asuntos privados y recordemos que fue Pericles el que deploraba que hubiera en Atenas indiferentes, “idiotas”, que no se preocupaban por aquello que a todos nos debe concernir.

La perversión del lenguaje, ha convertido el término en una extraña figura y son listos, los que van a lo suyo, y los más listos, son los que incluso se apropian de lo público, y esas conductas, que por desgracia todavía no hemos erradicado de la vida pública, la ciudadanía no siente el suficiente rechazo y los tenemos presentes en la sociedad actual.

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Vergüenza y corrupción

Autor: Gabriel Navarro Carretero

Este articulo fue publicado en eldiario.es el 21 de mayo de 2015. Y es una buena reflexión en estos momentos en donde tenemos que manifestar con el ejercicio democrático la dirección más comprometida con los deseos de la ciudadanía por una sociedad más ética. Gracias al autor por autorizarme su reproducción.

Habla pueblo

Todos hemos sentido en algún momento el sentimiento de vergüenza ante actos y situaciones a veces provocados por nosotros mismos, o bien por otras personas cercanas. En psicología se entiende por vergüenza una sensación humana mediante la cual se toma conciencia del deshonor o desgracia por una conducta inadecuada al contexto, o respecto a lo que se esperaba en nuestro entorno social. Aparece cuando nos observan haciendo algo que consideramos puede afectar a nuestra imagen social o la propia valoración personal, e intentamos esconderlo. Nos sentimos indignos frente a los otros, perdiendo la cualidad precisa para ser aceptado por quienes nos rodean.

Aparte de las diversas situaciones personales en donde podamos revelar esta sensación que puede ser vivida interiormente, la expresión más grave de vergüenza aparece cuando nuestra conducta es una deshonra, o provoca humillación, para nuestros conciudadanos. Ahí es donde la incriminación provoca que la vergüenza personal se vea intensificada por el público conocimiento de nuestros actos discordantes. La vergüenza forma parte de la socialización de cualquier sociedad, funciona como un precedente moral, al ser una conducta esencialmente de corrección de determinados comportamientos.

Algo así tuvo que sentir el alcalde de la tercera ciudad en importancia de Holanda, uno de los países con mayor índice de bienestar social a nivel mundial, cuando al día siguiente de llevar a su hijo al colegio en el coche oficial, tuvo que contemplar avergonzado cómo sus vecinos se colocaban silenciosos frente a su domicilio, y no tuvo más remedio que dimitir. Piensen, aunque sea por un breve instante, la diferencia abismal con algunos de nuestros políticos profesionales, que no tienen vergüenza al proceder sin considerar el mal que causan por sus decisiones políticas cautivas, o por su aprovechamiento indecente de su poder en beneficio propio.

Generalmente esta conducta de “no tener vergüenza” de ciertos políticos está ligada a un escenario de corrupción que aparece cuando falta una clara delimitación entre lo público y lo privado, ante la existencia de un ordenamiento jurídico inadecuado a la realidad social, con una práctica deficiente de las instituciones públicas y en un contexto de amplia tolerancia social hacia el disfrute de privilegios privados; lo cual permite que prevalezca una moralidad del lucro privado sobre la integridad cívica.

Entre los aspectos virtuosos de la ciudadanía se encuentra el acierto a la hora de elegir a nuestros mejores representantes

Algunos de ustedes pensarán que, no obstante, si aparecen esas conductas es porque procurarán cierto efecto positivo en la economía de su entorno próximo, y que esta clase de conductas están generalizadas. Y si, según se ha estudiado, el 70% de los directivos considera “habitual” el soborno y la corrupción en España, ¿para qué cambiar a los representantes que están inmersos en situaciones de corrupción o que avalan a quienes son corruptos en su propio partido? Cada uno puede hacer con sus bienes privados lo que estime oportuno en su relación con los intereses privados de otros. Sin embargo, los efectos de no actuar bajo principios éticos son tremendamente perjudiciales para toda la comunidad. Los recursos públicos los pagamos entre todos y constituyen nuestro bien común.

Según varias investigaciones, sabemos que la corrupción depende de en qué medida son mal aplicadas las regulaciones que afectan la competitividad del mercado. Además, la corrupción distorsiona los incentivos en los cuales opera la empresa privada reduciendo la eficiencia económica. Al percibir la posibilidad de corromper a un funcionario o a un político, los negocios más productivos no dependen de la competitividad empresarial sino de su capacidad de influir en los responsables de tomar las decisiones sobre el destino de los fondos públicos. Existe evidencia de que la corrupción reduce el crecimiento económico pues disminuye los incentivos a la inversión, y actúa como un freno a la innovación.

La corrupción implica un robo de recursos públicos, afecta seriamente a la toma de decisiones en el sector público, y lleva una pérdida de confianza en la capacidad del gobierno para desarrollar las políticas económicas. Por un lado, la corrupción influye en la aprobación de proyectos públicos dependiendo de la capacidad que tiene el funcionario o político corrupto de extraer beneficios del mismo y no a su urgencia social. Una prueba de ello es la tendencia a financiar megaproyectos de infraestructuras de cuestionable valor social, con decisiones inadecuadas de inversión y tecnología.

La corrupción deslegitima el sistema político deteriorando los valores democráticos, frente a ello, como manifiesta Manuel Villoria -fundador de Transparencia Internacional-,“l o ideal sería conseguir una ciudadanía que fuera también virtuosa, que se preocupara de la política, que tomara cartas en el asunto, controlara a los políticos, les exigiera y además que se contara con unas instituciones sólidas que obligaran a los políticos a rendir cuentas y a informar”.

Entre esos aspectos virtuosos de la ciudadanía se encuentra el acierto a la hora de elegir a nuestros mejores representantes, y sería deseable que nuestra propia vergüenza no se vea convulsionada al votar a partidos que acogen o encubren a corruptos o imputados (algo inaceptable en los países europeos avanzados). Sobre todo para evitar con ello una característica social de la corrupción que la hace muy peligrosa y es que se retroalimenta. En tanto que mostremos a nuestros hijos, familiares y amigos que nuestra elección apoya a los corruptos o a sus garantes, provocamos que aumente la percepción de permisividad, lo cual incentiva a quienes nos rodean a realizar nuevamente actos de corrupción.

La sociedad de la transparencia

 

La ‘carrera’ hacia la transparencia no se regula intercalando zonas oscuras, pero tampoco sobreabundando datos que convierten la nitidez en deslumbramiento

 

Nuestros actuales males y perversiones en la vida política pasan por superar la crisis de gobernanza, cuyo debate está presidido por la patente amenaza de falta de ética

JOSÉ MOLINA

 

 

Los impulsos de más transparencia y participación se enfrentan con quienes piensan que, sin espacios propios viven como en ‘campos’ y que la desaparición de la intimidad es un nuevo totalitarismo ––como divulga el filósofo alemán, de origen coreano, Byung-Chul Han–– por lo que levantan una bandera contra lo que denominan ‘el infierno de lo igual’. Ante estas manifestaciones es recomendable avanzar con sumo cuidado, porque todo cambio cultural necesita situar los límites y las diferencias.

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Vivimos en espacios desajustados. Exigir información a los gobernantes es fundamental, pero si la respuesta es lanzar hacia el ciudadano una sobrecarga de información, como el que arroja datos a un contenedor, el resultado es igual que cero informaciones porque, al sobreabundar los datos superponiéndose unos a otros, el ciudadano tiene muchas reseñas, pero ninguna información. Es lo que el periodista y filósofo Ignacio Ramonet llama ‘la nueva censura’ y, también, de algún modo es la alerta que emite Byung-Chul en el sentido de que la ausencia de negatividad convierte a la transparencia en “una nueva palabra para la uniformación”. Pareciera que se quiera totalizar el concepto de la transparencia hasta convertirlo en un fetiche.

 

La sociedad de la transparencia es sociedad de la información, y la información no aspira al poder sino a la atención, ‘estar al tanto de lo más significativo de la vida de cada uno’ para que la verdad no sea un contraste vacío que llene de contenido la apariencia. Nuestro mundo no necesita que le ‘engendren nuevas verdades’, sino que la luz haga que la oscuridad no esté presente en la vida social. Es la hora de eliminar el maquillaje y salir a la vida sin postizos. No juguemos más con máscaras y roles. Iniciemos el discurso del corazón, como nos recomendaba Rousseau.

Es verdad que, como casi todo en esta época de ‘la comunicación instantánea’, la cultura de la transparencia camina muy deprisa. De ahí que la transparencia precise que las instituciones se coordinen para evitar desajustes en los espacios sociales, provocados por la transición, deprisa, deprisa, de una sociedad opaca y cerrada a otra en la que la participación es un valor democrático, hoy complicado de concordar en el panorama anterior. Es el momento de analizar los desajustes porque hay mucho por novar y por reformar, sí, ya que la entrada de información en la vida de la ciudadanía sin un método educativo provoca falta de confianza, como se aprecia en las redes sociales donde no encontramos sentido de comunidad y sí acumulación de egos, incapaces de una acción común, de un nosotros.

Falta el espíritu, la explotación conjunta de lo social, para una nueva dialéctica de la libertad donde no existan muros mentales, ni de clase, ni de género, ni étnicos, ni religiosos. En la exposición de motivos de la nueva Ley de Transparencia de la Región de Murcia (Ley 7/2016) se dice que es “un reto actual, recuperar la confianza de la ciudadanía en las instituciones… y para conseguirlo es imprescindible mejorar la calidad de la democracia”. Es decir que, además del voto, hay que ejercer el derecho a saber, participar y colaborar activamente en las decisiones del poder.

Esta ley nos señala que seamos vigilantes para tener unas instituciones libres, sin grupos de interés que gobiernen en la sombra y nos arruinen luego con sus agujeros negros, por lo que también amplía los principios generales ––de nueve a diecinueve–– con el deseo de construir un modelo que elimine confusiones. Porque la ‘carrera’ hacia la transparencia no se regula intercalando zonas oscuras pero tampoco con la sobreabundancia de datos que convierten la nitidez pretendida en un deslumbramiento que nos impide ver con claridad que nuestros actuales males y perversiones en la vida política pasan por superar la crisis de gobernanza, cuyo debate democrático está presidido por la patente amenaza de falta de ética.

José Molina Molina

Presidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia

Publicado en el Diario La Verdad el 4 de junio de 2016