Economia A Pie De Calle

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Gobiernos abiertos

Gobiernos abiertos

La sombra de Martín Lutero, después de 500 años, nos puede recordar que una sociedad no soporta indefinidamente que sus instituciones caminen retrasadas de los deseos de sus ciudadanos. Cuando sus gobernantes se sumergen en estériles discusiones surgen los intentos de ‘reforma’ y las más radicales propuestas de ruptura. El diario ‘The Guardian’ así lo ponía de relieve no hace mucho, a cuenta de un manifiesto rebelde en las puertas de la London School of Economics al grito de ‘¡Bienvenidos herejes!’, como un grito de indignación y rechazo a la desigualdad estructural en que vivimos.

Han pasado los años y seguimos preguntándonos ¿por qué ese temor a los cambios sociales? La historia nos demuestra que todo tiene un principio y un fin, y no hay ciclos en la historia que sean eternos. Sin embargo, hasta que se produce el derrumbe no nos enteramos de que los barbaros están a las puertas de la ‘vieja Roma’. Serán posiblemente las tecnologías globalizadas las que como drones que vuelan sobre nuestras mentes nos alerten de dicha presencia. La función pública que gestionan nuestros gobernantes, han de ser conscientes de que las TICs promueven un camino sin retorno y que la inteligencia artificial compartida derribará la burocracia existente.

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Un sistema político más inteligente que aquello que tiene que regular nos conducirá a gobiernos abiertos, parlamentos abiertos y, en general, unas instituciones con valores, controles y una gestión compartida con la ciudadanía. Mientras esto no suceda, caminaremos con la lentitud y la pesadez existente y no alcanzaremos la legitimación colectiva porque las decisiones no responderán a las necesidades. Y son precisamente esos nuevos conceptos los que constituyen una cadena que sustituye a la burocracia, clientelismo, corrupción y despilfarro. La CNMC lo ha puesto en evidencia en un documento (2015) sobre la ‘Contratación pública y competencia’, donde afirma que el sobre coste por prácticas fraudulentas en la contratación pública supone aproximadamente un 25% de los 200.000 millones de euros que cada año se destinan a licitaciones con cargo al Estado.

La presión social en la demanda de unos derechos se debe hacer bidireccional, pidiendo que se doten y señalando dónde tenemos un problema que nos impide su financiación. El equilibrio financiero en los presupuestos públicos es posible, y debe conseguirse sin disminuir el gasto destinado a los servicios públicos que garantizan la igualdad de oportunidades. El modelo sostenible es el que impide el abuso y la desviación de poder, y fomenta nuevos valores para impedir obtener beneficios ilegítimos. El Parlamento europeo, en resolución del año 2010, llamaba la atención sobre los efectos desbastadores de la corrupción en términos de inflación de costes, adquisición de equipos innecesarios, inadecuados o de calidad inferior en términos genéricos. La corrupción está pivotando en muchos casos en decisiones claras de abuso de poder, en información privilegiada, en convenios ocultos, en decisiones arbitrarias, en connivencia con actores económicos, o en ilícitos propios o de terceros. Al final estamos como hace 500 años, son los ‘secretos del soberano’ lo que se conocía como ‘arcana imperii’ que otorgaba poder y que era ejercido ‘feudalmente’ para enriquecimiento, unas veces económico, otras con concesiones de servicios o con nombramientos. Un sistema secular que se ha enquistado en la democracia y que está impidiendo que los derechos y las libertades se desarrollen en plenitud. Y lo más grave, es que ese virus está atacando de tal manera al sistema que hay síntomas de un síndrome de fatiga de una democracia marcada por el patriarcalismo heredado y que se mantiene a flote porque hay una tripulación deslizante que equilibra el peso del barco para que no se hunda.

La apuesta de los gobiernos abiertos que Obama impulsó en su proyecto de ‘Open Government Parthership’ (Alianza del Gobierno Abierto) a la que España está adherida desde 2011 antes de nuestras leyes de Transparencia, es donde se construyen el desarrollo de los derechos universales de transparencia, participación y rendición de cuentas, para que ciudadanía y los sectores económicos, públicos y privados, desarrollen una administración de lo público participativa y eficiente. Es la moralización y confianza en las instituciones que con tanto énfasis se piden.

Texto publicado en el Diario La Vedad el 27 de mayo de 2018
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Una sociedad con respuesta

Una sociedad con respuesta

Vivimos una época en la que la ciudadanía se siente muchas veces impotente para superar problemas que soporta históricamente. Uno muy recurrente son los muy diferentes muros que nos separan en las sociedades que hemos visto crecer.

En Rebelión en la Granja, Orwell, nos describe esa sensación de incapacidad de dar un salto desde este presente, al que llegamos cargados de décadas de promesas y compromisos incumplidos, pero que, de nuevo, nos venden como única salida la visión del futuro que controlan desde ese poder invisible, sin embargo, es el momento de reinventar la vida, reinventar las ciudades, romper las rutinas del consumo inducido, y caminar en una constante creación para un gobierno de lo común, en donde los oligopolios no controlen nuestro futuro.

Tenemos que reaccionar con los conocimientos que hoy día se están desarrollando y que van en multitud de direcciones. Contamos con una ciudadanía que gestiona su vida cotidiana según muy variados conceptos y sabidurías que unas veces se encuentran y otras se separan del saber científico. Esto nos debe hacer pensar que nada es único y totalmente válido, y efectivamente la ciencia moderna se considera más rigurosa cuanto más está dispuesta a dialogar con otros conocimientos: su potencial es tanto mayor cuanto más consciente sea de sus límites.

Del reconocimiento de esos límites y de la disponibilidad al diálogo emergen nuevos conocimientos, que buscan su ecosistema y sus constelaciones de nuevas ideas que se articulan y enriquecen mutuamente. A partir de una mayor justicia cognitiva, que es la justicia entre saberes, es posible que se proclame la existencia y los valores de otros modelos y formas de convivir y organizar este mundo y la vida de sus ciudadanos. Formas de convivir que no tienen por qué basarse en el único pensamiento de la lógica neoliberal, privatizadora y monopolística  dominante.

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No habrá convivencia si no construimos ciudades en donde florezcan sociedades que no la separen los muros de la injusticia, de la desigualdad, de la xenofobia, y de la negación de los derechos universales. No podemos permitir que las ineficiencias económicas, ni la corrupción que socaba la ética, y causa un daño psicológico por el incremento de la desconfianza de la ciudadanía en su democracia, nos derroten. Ellos son los responsables que no tengamos suficientes dotaciones presupuestarias para tener una sanidad, educación y servicios que cubran las necesidades para todos los ciudadanos.

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Manifiesto contra la corrupción

 

La ONU nos recuerda el nueve de diciembre de cada año que debemos “caminar unidos contra la corrupción”, pues ésta es una lacra que destruye la capacidad de desarrollo de todos los países y que ha llegado a cifras escandalosas e insoportables. Sin corrupción no habría hambre en el mundo, ni déficit en atenciones sanitarias, ni faltarían fondos para la educación, y la justicia tendría medios para asegurarnos una sociedad en paz. Lograríamos ese gran objetivo de integración, que tanta falta nos hace como motor para un nuevo futuro.

Nuestra incapacidad de unirnos contra la corrupción permite que las bandas criminales de corruptos sigan con sus tentáculos minando los cimientos de la democracia. Son los depredadores de los presupuestos públicos que a diario intentan seducir al político o funcionario para sacar un negocio fácil comprando voluntades.

Por eso tenemos tantísimos casos de corrupción en nuestra sociedad, convirtiéndola en uno de los grandes problemas de nuestra democracia, que involucra a políticos, empresarios y profesionales. La corrupción ha creado desconfianza, incentiva las conductas delictivas, y merma los recursos para educación, sanidad y servicios sociales. Olvida el sentido de responsabilidad moral de pagar impuestos así como las prácticas de buen gobierno y de la rendición de cuentas, con participación ciudadana.

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Debemos impulsar la transparencia para que tenga un efecto real en las instituciones, porque cuando las cuentas son claras y comprensibles, y se exponen a información pública, el peligro de hacer trampas o practicar el clientelismo político se reduce. Para ello precisamos medidas disuasorias de las actuaciones corruptas, apoyadas en leyes exigentes y acompañadas de códigos de ética y cláusulas de integridad que sirvan de vigilancia y de control. Éstas, además, tienen una función preventiva para impedir las puertas giratorias, los lobbies, y dan cabida a las denuncias de la ciudadanía desprotegida.

Reclamamos una política que dote de medios a los poderes públicos, porque no basta con tener leyes si no pueden cumplirse; una ley es realmente poderosa cuando tiene los medios e instrumentos para su ejercicio.

El fortalecimiento del control de las instituciones por organismos independientes debe completarse educando con la ética y potenciando el capital humano de nuestros y nuestras jóvenes. Estamos comprometidos con la juventud para que aprenda que es inaceptable evadir impuestos y no soporte luego los recortes sociales sin más explicaciones. El reto es la ética: desarrollar planes en la formación de los y las jóvenes que dignifiquen su valor.

La eficacia del buen gobierno no solo se debe afirmar, sino que se debe demostrar, y para ello hay que extender experiencias como las que este año se han iniciado en varios Institutos de Enseñanza Secundaria de nuestra Región de Murcia y que concluirá con un debate en la Asamblea con los participantes.

La corrupción es un cáncer social, un organismo nocivo, y lo tenemos que extirpar de nuestra sociedad; para ello el mejor antídoto son los valores, de los que tan faltos estamos. Por ello, en este día pedimos voluntarios y voluntarias para la transparencia como el mejor camino para erradicar esta lacra y trabajar junt@s en la reactivación de la sociedad. Evitemos que, aunque alarmada por esta lacra, la sociedad se quede petrificada por el miedo y no acometa las reformas contra este nefasto espectáculo. Sin transparencia no hay democracia, y la corrupción la mata. ¡Estamos a tiempo de salvarla!

Murcia 9 de diciembre de 2017

Grupo impulsor del proyecto de ENCUENTROS POR LA TRANSPARENCIA

 

María José Campillo Meseguer

Antonio Galiano Martínez

Isidoro Gil Leiva

José Antonio Gómez Hernández

Antonio Hidalgo

María del Carmen López Aniorte

Emilio Martínez Navarro

José Molina Molina

Diego Peñarrubia

Francisco Manuel Reverte Martínez

Manuel Tovar Arce

Teresa Vicente Giménez

 

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La subversión del gasto público

 

Decía Herder Camara, que si no hay justicia no hay paz, cita que hay que recordarle al ministro de Hacienda que no entiende que la transparencia en el gasto público debe ser un compromiso de todas las Administraciones Públicas, para cumplir con la regla del gasto.

Sin embargo, Montoro está interpretando a su manera los conceptos y desprecia las recomendaciones de la AIReF como organismo independiente para el control. El último informe de dicho organismo lo dice bien claro, y sin embargo el ministro lo interpreta a la vieja usanza, un trato benévolo para los amigos y una regla dura de medir para el resto, lo que ha desatado una guerra inoportuna para la vida municipal, a cuenta de los objetivos del déficit y su cumplimiento.

Los objetivos de déficit han provocado en la vida municipal un auténtico terremoto por la arbitrariedad con que la norma se aplica e interpreta, además de su retrograda concepción para el control del déficit público, como lo ha calificado Economistas Frente a la Crisis (EFC) en su comunicado.

Una cosa es defender la estabilidad presupuestaria y considerar que los déficits y deudas deben mantenerse en los márgenes sostenibles que aseguren una financiación adecuada de las Administraciones Públicas, y otra muy diferente, es imponer como afirma EFC, un corsé injustificado, absurdo, contrario a criterios de racionalidad económica y de políticas de desarrollo que resumo brevemente para que se entiendan sus consecuencias.

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Se olvida y en estos momentos es grave, que la política fiscal no debe resumirse a una visión limitada de estabilidad presupuestaria, sino que debe coordinarse con instrumentos de gestión de la demanda agregada, y que con la flexibilidad, precisa avanzar en una convergencia económica y social entre las regiones. Algo no se ha hecho bien, cuando hemos llegado tan lejos en los enfrentamientos que estamos viviendo desgraciadamente.

Nos ha fallado saber integrar, cosa que nos recomiendan todos los estudios para garantizar el futuro de los países. Porque desajustar el gasto social y los servicios públicos prolongadamente, además de dificultar la convivencia, es un grave impedimento para la necesaria política de innovación y cambio de modelo, con un retraso en el desarrollo tecnológico, la investigación y la formación de capital humano. Otros países están saliendo de la crisis con menos coste social y menos ortodoxia neoliberal.

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Disentir, una sana práctica

 

Desear ser parte del futuro social, es iniciar una marcha para no caer en la tentación fácil del desprecio a los otros, a los inmovilistas, a los que consideran que “cualquier tiempo pasado siempre fue mejor”, porque ya no es suficiente la indignación, ni la protesta. Lo esencial es abandonar los viejos clichés y someter a revisión aquellos axiomas inspirados por la desigualdad y construidos por la supremacía del poder tradicional. Hay que eliminar los viejos consejos, las recomendaciones inútiles que han puesto en evidencia la falta de alternativas y la ausencia de imaginación. Sin ellas, un sistema no puede ser garante de su continuidad, porque carece de innovación, de futuro y de nuevas sensibilidades. Hoy solo buscamos lo más fácil, lo que ha sido probado y comprobado. Perdemos mucho tiempo en la búsqueda de consensos continuados con quienes son inaccesibles a los acuerdos, lo cual resulta fatídico para la democracia viva, porque si eliminamos la confrontación sana, hemos llegado al punto final de la política.

La función de la política nos recuerda Innerarity, es el disenso, que no excluye un consenso, pero teniendo muy claro, que el disenso es la regla y el consenso la excepción. Porque el consenso, es como el que camina hacia un horizonte, y como tal nunca se conquista, así nos lo recuerda Lyotard, para que sea un arco tenso que dinamice la estructura de la sociedad y la impulse a una comunicación en la vida política para luchar por la unidad, porque la consecuencia, no es otra, que la pluralidad en la vida política es como el caleidoscopio de la interpretación psicológica de la visión del mundo y su futuro.

Miedo y Libertad

Bauman nos dice, que en las sociedades liquidas, el único consenso que tiene alguna posibilidad de éxito es el reconocimiento de la heterogeneidad de los desacuerdos. Pretender otra cosa no es sostenible en nuestras sociedades de complejidad jerárquica. La democracia es una respuesta a la constatación de que en la sociedad existen diferencias legitimas que no son en última instancia resolubles. Luhmann nos anima a sustituir la unidad que muchos pretenden, el pensamiento único excluyente y uniformizador, por la oportunidad de entenderse, porque en política, es muy perjudicial pretender, buscar o imponer la unidad, la discrepancia es la esperanza para evolucionar hacia un futuro innovador.

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Velar por la ciudadanía

No tendremos nunca libertad y justicia, si no tenemos instituciones independientes, fuertes y con medios, por ese motivo desde los movimientos ciudadanos tenemos que ser muy exigentes, para que nuestras instituciones sean cada día más independientes,

 

Vivimos inmersos en la estructura de un viejo modelo político, y con el paso del tiempo, hemos sumado una deficiente visión para adaptarnos a la vida compleja de la democracia y los efectos que la globalización ha causado, y sus actores políticos no han sabido superarlo y han convertido el “sistema” en algo que no funciona.

Sin embargo, el mundo complejo de hoy tiene un impulso imparable, y lasdemocracias no están respondiendo con acierto. Ya Tocqueville nos alertó, que en las democracias hay que ir desprendiéndose de los viejos modelos, y en nuestra sociedad, hemos construido un entramado sobre las ruinas de un sistema político no democrático. El gran esfuerzo realizado hace ahora cuarenta años, se ha agotado, tanto internamente, como territorialmente, y coincide con un momento en donde la política nacional y regional es decepcionante.

Debemos de huir de la sensación de que no es compatible la complejidad de la nueva sociedad global y la democracia actual, porque es el miedo y la presión, la que nos impide que encontremos las formas de la nueva gobernanza. Se precisa abrir el espacio político a más actores, instituciones independientes, una nueva economía del bien común, un multiculturalismo y tantas aportaciones de colectivos sociales que enriquecerán un modelo democrático con un poder compartido, es lo que se empieza a llamar tímidamente gobierno abierto, parlamento abierto, instituciones participativas. Son formulas donde los poderes se compensan y las variables sociales funcionan con más equilibrio. Es la suma que se debe aportar de lo nuevo, para fortalecer la democracia como Tocqueville lo recomendó en su día.

Porque la democracia y la complejidad no son contrapuestas, pero el resultado será positivo si se encuentran otras formas más eficientes de gobernar, con procesos dinámicos, sin ataduras, y con capacidad para asumir todas las propuestas de transformación. La democracia o es integradora, o se autodestruye, Acemoglu y Robinson nos lo han dejado bien documentado en su estudio.

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La gobernanza abierta, es poder compartido para todas las instituciones, territoriales, locales y hasta supranacionales, como respuesta a la globalización, porque ese es el papel equilibrador. Sin miedos, siendo capaces de explicarlo y compartirlo con la ciudadanía, para evitar los movimientos convulsos de los populismos ultras, de sus mensajes sencillos que calan en las heridas que no han cicatrizado en una ciudadanía explotada por el sistema, por eso ha triunfado “que América sea lo primero”, el Brexit y otros que siguen sus pasos.

En el fondo subyace la pregunta: ¿qué democracia queremos? ¿qué partidos políticos precisamos? y como les exigimos que respondan a sus compromisos de ética, transparencia y rendición de cuentas. Es la confianza que la convertimos en fuerza movilizadora, y quienes superen esos retos desde el debate público y sean capaces de asumir nuevos procesos con decisiones transparentes, serán las referencias de los nuevos proyectos.

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El poder de los que mandan

 

Vivimos en un mundo de contrastes, de diferencias, de inseguridades y de desigualdades sociales, con una democracia, que ha permitido que tanto sus élites políticas como las económicas sean las poseedoras de exorbitantes medios de poder, institucionales unos y fácticos o reales los otros, pero ambos hacia el mismo objetivo: favorecerse en detrimento del resto. Actúan en asociación mutua para manipular a la opinión pública, conformando voluntades, haciendo uso del poder que los ciudadanos hemos depositado en la democracia representativa.

No perciben, sin embargo, que ellos mismos podrían llegar a ser destruidos siguiendo por ese camino perverso de alimentar con mentiras el sistema; y piensan que su alianza es más fuerte que la voluntad aislada e individual de los ciudadanos, y actúan condicionando para que esta sociedad, tanto desde la vida local, como regional, o desde espacios más globales, se articule a medida de los intereses de sus líderes políticos. Olvidando que lo principal son las personas, esa ciudadanía que, en su mayoría, vive como observante perdedora, y que, por otro lado, será la única fuerza capaz de sacarnos de la ruina social.

A un político (empresario), como es el caso de Trump, por ser el primero en el selecto club mixto de perturbadores sociales en muchos terrenos, la alianza de poder ha conseguido que el sistema democrático lo encumbre, y en otros espacios consiguen que los exculpen, los indulten o adecuen las normas penales, por el abuso que se hace de las mayorías obtenidas. La reciente inconstitucionalidad de la amnistía fiscal impulsada por Montoro es una prueba más de estos abusos, así como la negativa a publicar la lista de los beneficiarios que por transparencia se la ha exigido al ministro desde muy diferentes actores. No se entiende que el Gobierno firmara en 2016 un Acuerdo contra la corrupción (Londres) con 26 medidas, y a día de hoy, solo tres se han puesto en activo, el resto no existe interés por impulsarlas, y ni siquiera se ha hecho público dicho acuerdo, que se conoce por fuentes internacionales. Y una parte muy importante es la transparencia en la contratación pública. Un problema generalizado en el que suspenden casi la mitad de las Comunidades Autónomas y la mayoría de los importantes Ayuntamientos, nuestro Estado de Bienestar, se mantendrá si somos capaces de expulsar de la vida pública a corruptos y corruptores, porque el volumen de los desvíos de fondos es superior a los déficit en sanidad, educación y servicios sociales.

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Estas extrañas alianzas de poder, porque son muy diferentes en cada ámbito, y aunque surgen de un mismo método, llegan a extorsionar a las más altas instituciones para que sus decisiones, por muy absurdas que sean, cambien la vida y el rumbo del mundo, nieguen la evidencia, como es el caso del cambio climático, y miren con desprecio a la sociedad como si fuéramos incultos y nostálgicos. Insultan a los ciudadanos que los sostienen, enriqueciendo siempre, a los de la alianza de poder, son ¡Intocables! ¡Impunes!

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¡SEÑORÍAS!

 

 

¡Señorías, sin transparencia no pueden estar aquí sentados! Es el premio nacional de expresión y dibujo que en 2016 ganó un alumno de la ESO en el concurso nacional en el Día Internacional del Derecho a Saber. Este alumno no había leído nuestra Ley de Transparencia, ni el artículo 54 pero su sentido común le hacía “entender” que un político que no esté limpio, no puede estar sentado en un espacio público representando a la ciudadanía.

Los acontecimientos ocurridos en estos últimos meses, han puesto de manifiesto un desgobierno de lo público, cosa que ya denunció en un trabajo publicado hace tiempo el profesor Nieto, y recientemente, en la encuesta de Metroscopia (El País 23/4/2017) el 96% opina que no se conocen todos los casos de corrupción ni hemos llegado al fin. El constante “mensaje” de que “con este gobierno la justicia funciona”, además de no ser cierto, es la peor manifestación a un problema que sus raíces están en otra esfera.

Dicen ser transparente y con gobiernos abiertos, y los hechos nos presentan una imagen todo lo contrario. La incapacidad de los políticos a imponerse unas normas que la sociedad demanda, no se entiende, y es que viven en un panorama “imaginario” que no se ajusta a la realidad y la consecuencia es que, a día de hoy, las Instituciones según la última encuesta del CIS destilan desconfianza, desafección política y descrédito de sus gestores.

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El jurista Jiménez Asensio, nos deja la reflexión del abuso que se está realizando por parte de evaluadores de instituciones públicas con altas notas en transparencia. Parece que la ecuación más transparencia menos corrupción, que es válida para buena parte de los países demócratas avanzados, no parece ofrecer en nuestro caso una identidad perfecta, hay demasiadas excepciones. Algo falla, nos dice Jiménez, y no por culpa de la metodología, que aplica indicadores y procedimientos contrastados y fiables, con buenos resultados en otras sociedades. No es un problema de las técnicas, es un problema institucional. Es un cambio de cultura, para que la transparencia esté en la organización pública y privada. El funcionamiento institucional no es transparente, porque no es independiente, y esa relación de “cautividad” de nuestras instituciones de control, desde las financieras, jurídicas, del marcado y sociales, impiden, a mi juicio, que esta sociedad cambie. La regeneración tan demandada, es un deseo que se aleja, y hay voces que hasta defienden que no es bueno desear “tanta” transparencia.

El problema está mal enfocado, porque con tanta publicidad de “portales” nos quieren confundir que cumpliendo con las preguntas de la publicidad activa que nos marca nuestra legislación el problema es de nota. Olvidan, o se quiere olvidar, que la ciudadanía equipara la transparencia a publicitar muchos datos y dar el mensaje de cumplimiento, con indicadores que lo avalan, y eso es información, que es el primer escalón para alcanzar la transparencia. Nos hemos quedado en el concepto de “transparencia pobre” descafeinada, y hemos renunciado a la energía que supone la “transparencia como reforma de las Administraciones Públicas.

 

“El poder tiene que sentirse observado”, nos decía Montesquieu, y la ley de Transparencia nos manda que velemos por el cumplimiento. La transparencia, la ciudadanía la entiende como la expresión de la “verdad”, y es, esa idea del conocimiento de las cosas, y que tan expresivamente se recoge, desde 1798, en la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. (artículos 11 y 15). Y, ¿qué nos separa de éstos ideales? Pues que nos estamos haciendo trampas en el solitario.

Los políticos consideran a la ciudadanía capaz de soportarlo todo por miedo a la quiebra del sistema, y es precisamente el miedo, el que nos llevará a la desintegración y al fracaso como país. Por lo menos así lo podemos leer en el estudio de Acemoglu y Robison, en donde una causa principal de fracaso de los países es que sus instituciones no se integran en la sociedad.

La transparencia es para ejercitar el control y exigir la rendición de cuentas por la ciudadanía y nada más lejos del pensamiento político de los que gobiernan de permitir semejante herejía. Dar el control a la ciudadanía es ahorcarse uno mismo. Eso ¡jamás!

Por eso vivimos inmersos en un travestismo de convertir la publicidad activa en transparencia, y nos estamos introduciendo en una peligrosa orientación de confundir al ciudadano diciéndole que el control democrático se realiza desde el plasma. La democracia del plasma, es el fracaso de la idea del poliedro de la transparencia que tiene que conjugar en el ejercicio pleno derecho a la información, rendición de cuentas, control del gestor público, participación, reforma de la Administración Pública, gobierno abierto –open data- y buen gobierno-ética pública.

La transparencia tiene que pasar de ser la palabra de moda para los políticos, a convertirse en instrumento de combate de la ciudadanía. No podemos consentir que el mantra de los “argumentarios” nos confunda. Porque desde la ESO, nos están demostrando que los niños sí lo entienden, porque la transparencia es sinceridad, y desde esa posición, de la verdad de los hechos sin cocinar, será el motor de cambio de toda la institución pública.

Precisamos más cambios, más creyentes de lo público, más servidores en exclusiva, sin compatibilizar funciones. Desde GRECO nos lo están recordando, y tenemos pendiente de asumir cambios sustanciales en legislación y funcionamiento para garantizar la independencia. Y no olvidemos que para vigilar, lo importante es sancionar a tiempo. Si analizamos el “recusatorio” del Consejo del Poder Judicial sobre los casos de corrupción, nos surgirá la necesidad de una Ley que proteja al denunciante (porque denunciar a los que mienten es un reto peligroso y revolucionario), de esa forma la delincuencia económica, lo que ha sido calificado de “organizaciones criminales”, pueda ser pronto  algo del pasado, como deseaba el Jefe de Estado en su mensaje a las Cámaras en la apertura de la última legislatura cuando dijo: “que hay que combatir la corrupción con firmeza y que llegue a ser un triste recuerdo de una lacra a vencer y superar”.

De momento, no parece que pronto podamos cumplir ese objetivo, y muy difícil lo tenemos, si no cambiamos de dirección, por el camino que vamos, nos alejamos de alcanzar esa meta.

 

José Molina Molina

 

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The Economy Journal. Monográfico sobre la transparencia

http://www.rommurcia.es/2017/05/03/pepe-molina-reflexiona-sobre-el-valor-real-que-se-le-da-a-la-transparencia/

Nuestro experto en economía y transparencia se sirve de un monográfico de The Economy Journal para reflexionar sobre el valor que se le está dando a la transparencia en nuestra sociedad. Cree que no se están aplicando las medidas necesarias para llegar a una transparencia óptima. Pepe Molina lo tiene claro: “Sin transparencia no hay democracia”.

 

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LOS ORGANISMOS INDEPENDIENTES EN LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

LOS ORGANISMOS INDEPENDIENTES EN LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

RESUMEN

Cuando la política naufraga por causa de la ineptitud de los que hemos elegido democráticamente, por la irresponsabilidad de los dirigentes o porque los asuntos que tienen que abordar los sobrepasan, la sociedad civil apela a la ética como una fórmula para resolver lo que el político ha llevado al desastre.

Lo cierto es que, en la sociedad virtual, abierta y globalizada, se diluyen estas críticas, o se distorsionan, y observamos cómo personajes imprevisibles alcanzan el éxito, como es el caso de Trump, Putin, Grillo, Le Pen, y tantos imitadores, por ambos lados del escenario político. Surge una pregunta inevitable: ¿Quién es el viejo o el nuevo sujeto político? ¿Cómo construimos la nueva sociedad? Son las encuestas de opinión, los expertos, los tertulianos, los grupos de presión, los que fabrican los índices de cotización, los que manejan las finanzas, o los que nos inyectan los miedos. ¿Quiénes son los que construyen una sociedad sin cimientos? ¿Quiénes son los que destruyen los valores que nos han traído la prosperidad y la paz en muchas décadas? Cada día vivimos con muy poco espacio para la soberanía ciudadana y para los movimientos sociales, y ese es un tema central, aportar ideas para fortalecer una democracia participativa con organismos independientes constituye una responsabilidad de todos.

Ver articulo completo pinchando aquí.

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