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El federalismo europeo es posible

 

Los hijos de los millones de europeos que murieron en defensa de su dignidad y libertad, no pueden morir hoy de rodillas por una “Europa de la austeridad” sin los valores que tanto costó alcanzar

Hace tiempo que nos avisaron del peligro de creer en la unión monetaria y económica europea sin que fuera precedida por una unión política. Fue en el año 1971 cuando Europa tomaba medidas para responder al plan Nixon, que se debatía en las tribulaciones del sistema de cambios que nació en Bretton Woods, un economista de Cambrige, el profesor Kaldor, nos advirtió que era peligroso hacer la unión monetaria y económica antes que la política. Decía el profesor, y el tiempo le ha dado la razón, que el control de los presupuestos nacionales generarían presiones que pondría en peligro el conjunto del sistema y que, en vez de apoyar la unión, la dificultarían. Es lo que está ocurriendo.

Lamentablemente esa visión de Kaldor no fue tenida en cuenta y se impuso el oficialismo creador de la unidad económica y monetaria. Maastricht fue un imperfecto tratado de cómo no se tiene que hacer una federación, como se puede confirmar en el magnífico ensayo de Pisani-Ferry. Fuimos arrastrados por la gigantesca ola que se alimentó desde Wall Street con apoyo de Francia y Alemania, muy interesadas en ampliar su entusiasta colaboración.

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Nadie pone hoy en duda que el crecimiento de la UE fue producto de los excedentes privados que, guiados por una banca descontrolada, impulsaron las aventuras más alocadas que cualquier inversor pueda pensar. Soñaron, se enriquecieron con comisiones, invirtieron  lo que no era suyo y llevaron a la eurozona al desastre. Ahora se pretende que los que tenían avidez por recibir sean los que paguen los excesos de los imprudentes jugadores del casino financiero de aquellos años.

La venganza de los inversores ha sido castigar mediante el manejo de los mercados. Mario Draghi tuvo que tomar medidas de apoyo ante los problemas que afectaron a los bonos italianos, en el verano de 2012. Los mercados se revolvieron y levantaron vientos deflacionarios por toda la Unión, una tormenta que de nuevo Draghi trata ahora de resolver con lo que se ha denominado “flexibilización cuantitativa”. En la vida económica todo tiene su reflejo y lo estamos viviendo en nuestras propias carnes con historias de largo recorrido: llevamos más de cinco años de sufrimientos que han dañado nuestro tejido social ante el que se ha perdido legitimidad.

La ciudadanía quiere más Europa, quiere más solidaridad y una mayor consolidación. Queremos salir de esta trampa de la crisis existencial, de cumplir unas reglas de hierro. Hoy el que dice las cosas claras es incómodo, y vemos cómo la mayoría de los ministros de economía defienden cada uno por su cuenta que no haya acuerdo porque ¡hay que ¡doblegarlos! Se puede ser condescendiente con Francia y con Italia, sobre sus “minucias presupuestarias” pero inflexible con los más débiles.

Entre unos pocos gobiernos, por desgracia también el español, se han subido a la plataforma de los más ortodoxos y se impiden otras políticas para contentar a la intransigente Alemania con el resultado de que se nos impide crecer con estímulos que ‘europeícen’ el sistema. Un sistema que mutualice parte de la deuda pública existente, que mediante el BEI y el BCE europeíce las inversiones agrupadas, y un programa que mitigue el hambre y la pobreza. Luego de haber muerto millones de europeos por defender su dignidad y su libertad, sus hijos no pueden morir de rodillas por una “Europa de la austeridad”, sin los valores que tanto costó alcanzar.

Queremos gestionar sin sufrimiento los equilibrios presupuestarios para lo que se precisa esa unión política, ese federalismo que no llega, por cuya ausencia seguimos mirando si los déficit por cuenta corriente con Alemania, o los de cada uno de los 27 entre sí, son positivos o negativos. Hemos complicado el juego. Un federalismo coherente no produciría estos efectos. Nadie, por ejemplo, se preocupa si California tiene déficit o superávit con el Estado de Virginia. Necesitamos sin tardanza inversiones nuevas, porque hay ahorros ociosos que, si no les damos salida, inventarán otra burbuja. Necesitamos un BCE que compre títulos de la deuda sin que sea acusado de favorecer a ningún país, porque todos somos el mismo.

En el nuevo concepto de federación necesitamos que un porcentaje del PIB europeo, del 5% al 8%, se invierta en un programa de recuperación: en las Pymes innovadoras, en nuevas tecnologías, en energías renovables… Un programa de inversiones es respaldar un crecimiento de la economía real productiva, olvidando los instrumentos que siempre utilizamos, peligrosamente, como son los productos financieros. Queremos un progreso que sea el final de una crisis, y para ello tenemos que salir de este círculo vicioso de la austeridad peligrosa.

Quien quiera seguir debatiendo estas y otras ideas de “La era del federalismo en Europa”, el debate continua en una mesa redonda en la Facultad de Derecho el próximo día 21 de abril, organizado por la Universidad en el ciclo de su Centenario y como ponentes: Enrique Barón –ex presidente del Parlamento Europeo- el  profesor Cobacho –ex rector y catedrático de la UMU- y yo mismo. Si están interesados, les esperamos en este debate donde expondremos lo que nos jugamos en el futuro europeo.

José Molina Molina. Doctor en Economía, Sociólogo y Miembro de Economistas Frente a la Crisis

Publicado en el Diario La Verdad (12.04.15)

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  • rosa jordana comentó:

    Me ha gustado mucho. Imposible ir a oiros. te seguiré leyendo aquí.

    • Jose comentó:

      Gracias. Un abrazo,

  • José María comentó:

    Como siempre, al grano y acertado.
    Saludos,

    JM

  • Jose Mª Molas comentó:

    Muy interesante y acertado el artículo, aunque se publicó hace meses, creo mantiene su vigor, y debería volver y actualizarlo, porque pone el dedo en la llaga, de uno de los temas que hay que afrontar y los políticos deben incorporar a sus programas europeos si quieren de verdad que Europa se levante y camine hacia adelante. Un saludo.-

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